Creo en la resurrección de los muertos

homilia

Creo en la resurrección de los muertos

32º DOMINGO ORDIANRIO – A

La Palabra de Dios en los últimos domingos del año litúrgico nos invita a mirar hacia las postrimerías del hombre y de la historia. Este mundo se termina. ¿Tiene futuro?

El evangelio de San Mateo 25,1-13 tiene la intención de situarnos ante la segunda venida del Señor. Y es toda una catequesis a una comunidad de creyentes que estaba cayendo en una cierta desilusión por la tardanza de esa anunciada y deseada venida. Desilusión que lleva a focalizar el sentido de la vida en otras cosas más inmediatas y olvidarse de preparar la llegada del Señor. De ahí el grito final del evangelio: Vigilad, porque no sabéis ni el día ni la hora.

El ambiente de la comunidad de San Pablo (1 Tes. 4, 12-17) es más animoso. Todos están esperando la venida del Señor de forma inmediata. En pocos meses o años volverá el Señor. Y preparan su venida con el ardor que les infunde el entusiasta Pablo. Pero hay un problema. Han pasado unos años y algunos de los bautizados en Cristo se van muriendo antes de la llegada del Señor. ¿Qué sucederá con estos? Un problema que San Pablo soluciona afirmando la resurrección de estos hermanos en el mismo instante en que el Señor vuelve. Ellos participaran del cortejo con el que todos volverán a la casa del Padre.

En este domingo quiero centrarme en esta verdad de “la resurrección de los muertos”. El tema de la vigilancia, de la preparación de la venida del Señor, del estar despiertos, etc. Lo tocaremos en el tiempo de Adviento que justamente está indicado para preparar ese advenimiento del Señor.

Y digo tocar el tema de la resurrección de los muertos porque es un tema no suficientemente explicado, meditado y aceptado. Son muchos los que dicen creer en Jesús y a la vez no creer en la resurrección de los muertos. Es una realidad demasiado fuerte para presentarla ante el mundo que cada vez busca con más ahínco fiarse de la ciencia que resolverá el enigma de la muerte dando origen a un hombre con vida perdurable. Y cuando parecía que esta victoria científica sobre la muerte estaba ahí, a la vuelta de unos años, resulta que un microbio llamado COVID se nos ha incrustado de tal forma que hace tambalear esas esperanzas. El COVID nos ha puesto los pies en la tierra y nos ha recordado que somos vulnerables, limitados y mortales. Hacer “magia” con la vida es harto peligroso. Pero no pongamos límites a la ciencia e imaginemos que llega un día y se consigue crear un humano no amenazado de muerte. Mira que es difícil llegar ahí, pero imaginémoslo. Entonces, llegado ese momento, la buena noticia de Jesús, la resurrección de los muertos ¿tendrá sentido predicarla?

Saben que voy a responder que SI, porque la oferta de Jesús va por otros derroteros, aunque cuente con la muerte que es el último enemigo a vencer.

Yo creo en la resurrección de los muertos porque creo en la fidelidad de Dios Creador. Dios crea y crea para la vida. DIOS NO “DESCREA”. Podría haber creado o no; pero una vez que se embarca en la obra creadora, Él, su Palabra, es garantía de perdurabilidad. Por eso creo en la Pascua de la creación.

Creo en la resurrección de los muertos, porque Dios es Dios de vivos. Abraham, Isaac y Jacob están vivos para Dios. Y con ellos todos los que han sido bendecidos en ellos. Por lo tanto, la muerte no rompe esa vinculación con el Dios de la Vida. Esa Vida es más fuerte que la muerte y la comunión con esa Vida es anterior a la muerte biológica.

Creo en la resurrección de los muertos, porque Cristo en la cruz le dijo al buen ladrón: “HOY estarás conmigo en el paraíso”. Frase dicha en la antesala de la muerte cruenta de los dos protagonistas. Por la muerte se entra en el HOY de Dios. Un espacio – tiempo distinto que permanentemente toca nuestro espacio tiempo histórico que en el momento de la muerte se abre para llegar a ser eterno.

Creo en la resurrección de los muertos porque Jesús RESUCITÓ AL TERCER DIA DE ENTRE LOS MUERTOS. Y con Él, resucitaremos todos.

La oferta de la ciencia que vencerá a la muerte, no me inquieta. Tampoco me vale como oferta de salvación porque no llega a todos. Son muchos los millones de hombres que ya han muerto y que para ellos esta oferta no les sirve de nada. Es injusta, no es equitativa. Además va a ser selectiva. Solo para los ricos o muy ricos. El resto de la humanidad no contará para esos “beneficios”. Además puede que a la larga esa vida resulte aburrida e insoportable.

La oferta de Jesús es para todos y de calidad infinitamente superior.

La oferta de Jesús es liberación de la muerte en el hoy de mi historia. Hoy liberado del miedo a morir, liberado de mi egoísmo y soberbia, liberado de mi egocentrismo. Egoísmo, soberbia, envidia, soledad, desconsuelo… son otras muertes peores que la muerte física. De esas muertes también me libera el Señor.  Hoy, yo puedo libremente entregar mi vida y morir cada día al servicio del hermano, del otro, del pobre. Hoy es el día de mi muerte y mi resurrección. Hoy puedo ir aprendiendo a morir viviendo obediencialmente a mi Padre Dios. Hoy puedo gustar la Vida eterna. Hoy puedo trabajar para  “adelantar” la pascua de la creación y la llegada del Reino de Dios. Hoy puedo esperar y preparar la venida del Señor.

Por eso sigue siendo válido: “Velad, porque no sabéis el día ni la hora”.

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Gonzalo Arnaiz Alvarez scj
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