Jesús y los marginados

homilia

Jesús y los marginados

DOMINGO 6º – B

El ciclo del “tiempo ordinario” se interrumpe en este domingo sexto por la llegada del “tiempo de Cuaresma”. El corte no interrumpe ningún proceso porque el evangelista Marcos llega hoy al final de su presentación sobre la actividad de Jesús en una primera etapa de su ministerio. Nos acercamos a los textos de la Palabra de hoy para hacerlos resonar en nuestros corazones.

Levítico 13, 1-46 toca el tema de los leprosos en Israel. Las enfermedades estaban asociadas a la vida moral del individuo que las padecía; pero sobre todo la lepra estaba estigmatizada como la expresión externa de la impureza interior o el alejamiento de Dios de la vida del enfermo. Dios daba esa enfermedad y solo Dios podía quitarla. Quien padecía esa enfermedad era declarado impuro y por lo tanto excomulgado de la vida del “pueblo santo” o de la sociedad de Israel. El leproso era echado fuera de la ciudad y condenado al ostracismo y al olvido por parte de todos. Nadie se le podía acercar ni tocar bajo el riesgo de caer en la misma pena.

En este contexto hemos de leer Marcos 1, 40-45. El leproso tiene la osadía de acercarse a Jesús y  ponerse de rodillas ante él, manifestando su fe de que puede ser curado por Jesús. Resaltar ya desde el principio la actitud de apertura a la fe por parte del enfermo que le lleva a “saltarse” la prohibición de acercarse a la gente sana. Cierto que no tenía nada que perder, pero suponía una nueva falta moral.

Jesús no rechaza ni su presencia ni su cercanía. Es más, el evangelio nos dice “sintiendo lástima”. El texto original dice “sintió indignación”. Más fuerte que lástima. No solo lástima de aquel leproso sino indignación ante la situación de indefensión y marginación de aquellos enfermos. Siguen los gestos de Jesús que nos invitan a pensar en acontecimiento resurreccional. Jesús tiende su mano. Acoge al que se le acerca. No lo rechaza ni recrimina sino que abre sus brazos para acogerle. Le “toca”. Le agarra y le levanta y le deja limpio. Curado.

Jesús traspasa la línea roja de la ley. Toca, agarra, abraza al leproso. Adquiere para sí todas las condenas que acarreaba la ley de la impureza. Jesús se hace impuro para purificar y salvar. La ley de Dios no puede marginar al hombre, no puede destruirle, no puede someterle a “pena de muerte” alguna. Dios es Salvador y Salvación en todas las circunstancias de la vida. Jesús no parece querer enfrentarse al orden establecido y manda al leproso a recibir el certificado de “curado” por parte de los sacerdotes para que se reintegrase en sociedad.

Y aquí hay un gesto que sorprende. El recién sanado, liberado, resucitado, no hace caso. Se salta la norma. ¿Para qué volver a aquellos que no me han podido sanar? El ex leproso ha descubierto que la salvación y la vida están en Jesús y no en otras fuentes. No necesita de otros para avalar su curación; él mismo lo ve y experimenta y vive. Y por eso decide “hablar de Jesús”. El curado “divulga la Palabra” y los hechos de Jesús. Se convierte en el primer predicador y lo hace hasta bien: con ponderación. El sanado es ya un resucitado, un hombre nuevo y empieza a ser el primer evangelizador dentro del evangelio. Si la suegra de Pedro al ser “levantada” por Jesús aprende la lección del “servicio” (diaconía), el leproso al ser “levantado” por Jesús experimenta en su vida el kerigma o la buena noticia del Dios que salva y se convierte en testigo y “evangelizador”.

Podemos descubrir como el Espíritu sopla donde quiere y como quiere, y como en personas como una “suegra” o un “leproso” va haciendo historia de salvación, yendo por delante y abriendo caminos de liberación.

Jesús ya no podía entrar en los pueblos (probablemente porque había caído en impureza legal) pero la gente empieza a romper barreras y a ir a su encuentro porque en él han descubierto que está la fuente de la vida y de la salvación. Él puede curar. Las antiguas ordenanzas quedaban obsoletas y sobrepasadas.

¿Existen en nuestros días normas o leyes de exclusión? No sería difícil enumerar una larga serie de fronteras que en nuestra sociedad se construyen con el fin de  “aislarnos” de ciertas lacras sociales. Este año la pandemia nos ha hecho saborear en nuestra propia carne lo que significa “confinamiento” obligado o autoimpuesto y los protocolos de profilaxis que hemos montado en torno a las residencias de ancianos o UCIS donde nuestros mayores o enfermos han sufrido la ausencia de la cercanía de los suyos en momentos dramáticos. Pero además de esto, hay que tener presentes las otras pandemias que subsisten por años y que las mantenemos al margen de nuestro modo de vida.

Hoy se celebra la campaña de “Manos Unidas” que este año de situación de “contagio” nos invita a colaborar en otros contagios que son de opción libre y son posibles si abrimos el corazón a la realidad del hambre en el mundo. Su lema de este año es: CONTAGIA SOLIDARIDAD PARA ACABAR CON EL HAMBRE. Dejo que suene el comunicado de esta campaña como conclusión de la homilía.

“Esta experiencia dramática del coronavirus nos lleva a reafirmar con mayor firmeza la dignidad de todo ser humano y sus derechos; la necesidad de generar nuevos estilos de vida más solidarios; la urgencia, desde la política y la economía, de crear condiciones de vida más humanas, centradas en la dignidad de cada persona y en el bien común.  La responsabilidad de cuidarnos los unos a los otros tiene implicaciones tanto entre nosotros y las comunidades deprimidas del Sur, como entre las propias comunidades entre sí. Supone anteponer el “nosotros” frente a una lógica miope del interés privado; renunciar personalmente o sacrificarnos por el bien colectivo y poner a disposición de los demás los recursos necesarios para mejorar las condiciones de vida de las comunidades más desfavorecidas. La situación que aún estamos viviendo nos obliga a reforzar nuestro compromiso y nuestra misión Solo con la participación de todos será posible caminar hacia un mundo donde los derechos humanos dejen de ser una declaración de intenciones para convertirse en justa realidad. Depende de todos y de cada uno de nosotros. Y juntos lo conseguiremos.”

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Gonzalo Arnaiz Alvarez scj
Gonzalo Arnaiz Alvarez scj
garnaiz@scj.es
1 Comentario
  • Xuaco
    Publicado el 11:56h, 11 febrero Responder

    Primero : indignarse,ante la injusticia.
    Segundo : romper la Ley que atenaza al ser.
    Tercero : actuar y liberar para evangelizar
    Cuarto: los pobres convertidos nos evangelizan.

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