Solemnidad de Santa María Madre de Dios

Homilía con dehonianos

Solemnidad de Santa María Madre de Dios

El día 1 de Enero todos los años nos invita a contemplar un condensado de celebraciones, unas litúrgico-religiosas, otras cívico-sociales y de valores humanos, tales como la Jornada mundial de la Paz, la Circuncisión del Niño Jesús y Octava de Navidad, y además el iniciarse un Nuevo Año. Claro está, junto a ellas la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Quizás demasiadas cosas para pensar en un día que se va entre campanadas de medianoche, champanes y comilonas. No está mal que celebremos cosas, pero nos puede suceder que olvidemos el sentido profundo de la celebración y nos quedemos solo en la hojarasca y los perifollos.

Voy a intentar resaltar algunos de los “sentidos” celebrados en este día acompañado por las lecturas que la liturgia nos propone para este día.

Por ser el inicio del año, las lecturas se abren con una preciosa bendición de parte de Dios que debe abarcar todo el año:

“El Señor te bendiga y te proteja”. Parece un buen deseo, pero es siempre una realidad. Dios siempre “dice bien” de mi, de nosotros. Desde el inicio de la creación “dijo” y quedaron hechas todas las cosas que eran buenas y muy buenas, sobre todo cuando creó al hombre y la mujer. Y no solo “dijo” sino que “dice” continuamente, por lo que permanece y persiste tu ser y mi ser. Soy ahora porque Dios me está bendiciendo. Y seré siempre porque Dios es fiel. Sentir esta realidad me hace gozar y agradecer este inmenso don. Soy desde el Amor y soy capaz de amar al Amor y a todas las cosas y personas creadas por ese Amor. Además Dios cuida de su creación y de sus creaturas. Dios es providente y fiel. No falla. Dios nos protege siempre y es garantía de Vida, en medio de las vicisitudes de esta nuestra vida. Caminamos de su mano y nada hemos de temer. El futuro está abierto y es esperanzador.

“Ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor”. Que Dios se acerque a ti, te mire, te introduzca en su casa y aposento; que Dios se fije en ti. Esto hizo con Moisés, con David, con María… Esto hace con cada uno de nosotros. Él se acerca tanto que nos toca y nos hace de su estirpe. Si la Luz se nos acerca, nosotros quedaremos iluminados, resplandecientes, transformados, luminosos, radiantes. Quedaremos contagiados de tal forma que seremos “luz de Luz”. Este es el gran favor que Dios nos hace. Nos hace hijos en el Hijo. Sucede lo que Pablo nos cuenta en la segunda lectura. Veremos.

“El Señor se fije en ti”. “El Señor se ha fijado en la humildad de su esclava”. Parece que a Dios le gusta fijarse en alguno. Será mejor decir que Dios se fija en todos porque a todos nos llama a la vida y nos llama (vocación) con una misión concreta. Muchas veces esta llamada de Dios nos da “vértigo” cuando no miedo. A veces nos apetecería decirle al Señor que se fije en otro, que nos deje en paz, que somos “niños” o “tartamudos” o “ancianos” y no estamos preparados para la misión a la que nos envía. No somos capaces de entender que es con mucho lo mejor aquello que el Señor nos pide que hagamos. Además, si Dios se fija en nosotros nos da también la fuerza, su Espíritu para que seamos muralla y baluarte, para que podamos engendrar incluso en la ancianidad, para que podamos hablar aunque seamos tartajas o poco dotados. Que el Señor se fije en nosotros en una bendición. No la desperdiciemos.

“Y te conceda la Paz”. Estamos en la jornada de la Paz. Paz que debe ir mucho más allá de ausencia de guerra, pero que no estaría mal que empezáramos por ahí. No estaría mal que transformáramos nuestras armas en “arados y podaderas”. No podemos olvidar que la Paz es un Don. Evidente que es también tarea del hombre, pero ha de venir de lo alto. Somos incapaces de crear estructuras de paz si no nos abrimos y dejamos invadir por el Espíritu de Dios. Nuestro egoísmo, egocentrismo solo puede romperse o superarse si nos abrimos y creemos en el otro. Pero esto es posible solo si somos capaces de transcender al Otro. La clave de la Paz es Jesucristo. Él es la Paz; la Paz que se nos ha concedido justamente en la Encarnación, en el Emmanuel, en el “Dios Salva” que es el nombre de Jesús.

En el evangelio de Lucas 2, 16-21 se nos recuerda el acontecimiento de la circuncisión del Señor. Protagonistas del evangelio son María y José. En Lucas, María tiene la preeminencia (en Mateo lo es José) y aquí lleva la parte principal, aunque se nos narra de ella una actitud de silencio, de escucha, de admiración y de contemplación guardando todas las cosas en su corazón. María y José están desbordados por los acontecimientos y no llegan a “calar” en todo lo que está sucediendo. Quizás demasiado rápido y demasiado grande lo acontecido. Necesitan acompasar los tiempos, tranquilizarse y ver más despacio la historia que Dios está desplegando con ellos. María es maestra es saber esperar y confiar en Dios. Él dirá. Mientras ellos van a cumplir con la “ley” y van a obedecer a Dios poniendo por nombre al niño el indicado por el Angel. JESUS. Así lo hemos traducido nosotros, pero es el mismo que Josué. DIOS SALVA. Esta es la gran noticia. Nos ha nacido el Salvador; pero el Salvador en acción. La Salvación está ya en marcha. No hay mejor noticia para empezar el año. También en el 2020 DIOS SALVA. No tengamos miedo. El futuro está en nuestras manos; que serán manos llenas de bendición si sabemos acompasarlas a las manos de Dios, o lo que es lo mismo nos dejamos guiar por su Espíritu.

QUE SEPAMOS SER CONSTRUCTORES DE PAZ

FELIZ   2020.

De todo corazón,

Gonzalo Arnaiz Alvarez, scj.

 

Gonzalo Arnaiz Alvarez scj
garnaiz@scj.es
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