Nuestros “TESTIGOS” en la santidad (I)

Nuestros “TESTIGOS” en la santidad (I)

Causas de beatificación y canonización en nuestra Congregación SCJ

Ramón Domínguez Fraile, scj.

Postulador General

 

“Dejémonos estimular por los signos de santidad que el Señor nos presenta

a través de los más humildes miembros de ese pueblo

que ‘participa también de la función profética de Cristo,

difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad’ [LG 12]”

(Papa Francisco, Gaudete et exsultate, 8).

 

En la Exhortación apostólica “Gaudete et exsultate” sobre la llamada a la santidad en el mundo, el Papa Francisco afirma que: “El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios, porque «fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente» [LG 9]” (Gaudete et exsultate, 6).

Es verdad, que la santidad florece y madura en cada nación, pueblo, lengua,…; allí donde menos te lo esperes. La santidad es algo de todos nosotros, de cada uno de nosotros. Todos estamos llamados a ser santos. Pero en ese camino hacia la santidad hay personas, hombres y mujeres que nos ayudan a centrar nuestra vida en Dios, en definitiva, nos impulsan a ser santos. Son nuestros guías y mediadores. Son nuestros TESTIGOS.

“Nos moviliza el ejemplo de tantos sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que se dedican a anunciar y a servir con gran fidelidad, muchas veces arriesgando sus vidas y ciertamente a costa de su comodidad. Su testimonio nos recuerda que la Iglesia no necesita tantos burócratas y funcionarios, sino misioneros apasionados, devorados por el entusiasmo de comunicar la verdadera vida. Los santos sorprenden, desinstalan, porque sus vidas nos invitan a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante” (Gaudete et exsultate, 138).

En nuestra Congregación existen “ejemplos” que debemos imitar. Modelos e intercesores que se nos proponen como camino para llegar a la santidad. A lo largo de varios números de esta nuestra revista SCJ.es iremos desgranando sus vidas, para conocerlos más y así tenerlos como “nuestros propios testigos”.

La invitación no sólo es a conocer su vida, mediante un breve perfil biográfico, sino lo más importe es a sentirlos como protectores nuestros y a rezar por medio de ellos a nuestro Dios. Que cada día invoquemos a estos nuestros modelos y que nos animen a seguir al Señor Vivo y Resucitado que continúa en medio de nosotros.

Nuestros primeros guías en la Congregación: P. León Dehon y P. Andrés Prévot.

En este número nos acercaremos a dos figuras testigos ya en el inicio de nuestra Congregación. Por supuesto, presento a nuestro Fundador, Juan León Dehon y al gran Maestro de Novicios, que el mismo P. Dehon decía de él que era un santo, Andrés León Prévot.

Venerable Siervo de Dios Juan León Dehon: “Predicad el Amor de Dios”.

 León Dehon nace en La Capelle (Francia), el 14 de marzo de 1843. Con 21 años se doctora en Derecho civil en Paris, pero su vocación no es la abogacía.

Poco después, y en contra de los proyectos de su padre, va a Roma a estudiar Teología. Es ordenado sacerdote en San Juan de Letrán el 19 de diciembre de 1868. Es testigo directo del Concilio Vaticano I, en el que participa como taquígrafo.

Regresa a la diócesis de Soissons, a San Quintín. Ve la necesidad social y religiosa que tiene la ciudad y lleva a cabo algunas iniciativas: Patronato de San José, Colegio San Juan, Periódico. De esta forma, intenta paliar las carencias sociales que le rodean.

En 1878 funda la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (SCJ). A ella va a dedicar el resto de su vida y todos sus esfuerzos.

Muere el 12 de agosto de 1925 en Bruselas. En su testamento espiritual hace donación de un gran legado: “Os dejo el más maravilloso de los tesoros. El Corazón de Jesús”.

Oración para pedir su intercesión

Dios Padre omnipotente y eterno,

que en tus santos siempre obras cosas maravillosas,

haz que tu siervo fiel León Dehon,

que irradiando ejemplos de virtud y de celo apostólico,

se implicó en la promoción de la juventud,

y difundió la devoción al Sagrado Corazón de Jesús,

sea llevado al honor de los altares;

y por su intercesión, y únicamente por tu gloria,

me concedas la gracia…,

que ardientemente deseo y te pido. Amén.

 

Siervo de Dios Andrés León Prévot: “Es necesario rebosar la medida de la caridad”.

 El P. Andrés Prévot nació en Le Teil (Francia) el 9 de noviembre de 1840. En 1885 entró en la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado corazón de Jesús. Fue Maestro de Novicios y después Superior Provincial y Asistente General.

Durante toda su vida religiosa se consagró al amor de cristo y a la reparación. Practicaba la mortificación; amaba la vida interior y la oración continúa y estaba movido por un ardiente celo por la salvación de las almas. En él era habitual la unión con Dios y tenía una gran devoción a la Eucaristía y a María. La abnegación de sí mismo y la austeridad de vida se armonizaban con la caridad, la paciencia, la dulzura y la bondad. Sus libros muestran su fisionomía espiritual: humilde, tranquila y confiada.

Murió en Brugelette (Bélgica) el 26 de noviembre de 1913.

Oración para pedir su intercesión

Corazón de Jesús, te adoramos y te amamos

como fuente de gracia y santidad.

Donde se posa un rayo de tu amor,

florecen las virtudes más hermosas.

Así has amado al P. Andrés.

Introduciéndolo en el misterio de tu Corazón traspasado,

le has comunicado la humildad,

el espíritu de víctima,

la ternura filial por María Santísima.

Sobre todo, has inflamado de amor divino su corazón

y le has hecho palpitar al ritmo de una caridad que rebosa toda medida.

Por eso te rezamos, Oh Corazón de Jesús,

para que glorifiques a tu siervo fiel y suscites en nosotros la añoranza de la santidad.

Guíanos por el camino de la virtud,

especialmente en la humildad y la mortificación,

Y, por su intercesión,

concédenos a nosotros y a nuestros hermanos el don de la paz,

la gracia que te pedimos…

y la perseverancia final en tu Corazón. Amén.

Quiero terminar con la parte más importante. No solo debemos conocer a estos nuestros mediadores y testigos ante Dios. Os invito a rezar por intercesión de ellos. Que sean ayuda en nuestro camino. Que por y a través de ellos también nosotros podemos llegar a ser santos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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