Yo soy el Buen Pastor

Yo soy el Buen Pastor

Estamos celebrando “el ecuador” del Tiempo Pascual. La liturgia durante estos 50 días nos invita a contemplar el misterio pascual desde distintas perspectivas. Poco a poco nos va adentrando en el misterio de la persona –Jesús- de quien afirmamos que ha resucitado. El evangelista Juan (10, 11-18) es quien nos ayuda hoy mostrándonos a Jesús hablando de su “yo” o de quién es él. En su Evangelio encontramos muchas veces las afirmaciones de Jesús diciéndonos: “Yo soy… la luz, la puerta, el agua viva, la vida y la resurrección”. Hoy utiliza la alegoría del pastor para decirnos que: “Yo soy el buen pastor”. Una alegoría o imagen muy familiar para los israelitas y que en el A.T. se utiliza para hablar de Dios, del Rey o del Sacerdote. Jesús la utiliza contraponiendo las actitudes del buen pastor que son diferentes a las del asalariado o pastor interesado en su bienestar.

La figura del pastor, hoy en día es casi inexistente y para muchos es algo del pasado y de no fácil percepción para ser modelo de algo. Por pura casualidad en estos días ha aparecido una noticia de pastores que suena así: “Con todo, el hecho más luctuoso ha sido la muerte del pastor Manuel Lázaro Diloy, de 38 años, que murió arrastrado por la corriente del río Grío, afluente del Jalón, mientras trataba de salvar a sus ovejas, 120 de las cuales perecieron ahogadas”. Está lloviendo mucho, el rebaño estaba en un buen pastizal pero les sorprende la crecida torrencial de río Grío. El pastor trata de salvar las ovejas y en la tarea de hacerlas atravesar el torrente, es arrastrado y pierde la vida. Justamente lo que dice Jesús en primera instancia: “El buen pastor da la vida por sus ovejas”.

Jesús es Buen Pastor justamente porque está dispuesto a dar la vida por sus ovejas. ¿Cuál es la motivación que mueve a Jesús? El conocimiento-amor. Jesús conoce-ama a sus ovejas y las ovejas le conocen-aman a él. Jesús tiene un trato de intimidad con los suyos a los que conoce en las entretelas de su interioridad personal y a los que ama, en libertad absoluta, sin límites y con oferta de su amistad. Ningún interés personal; tan solo que tengan vida y vida en abundancia. Habla también de reciprocidad en ese amor por parte de las ovejas, pero hoy toca pararse en el amor del pastor.

A continuación Jesús afirma una igualdad que es inaudita o sorprendente o magnífica para nosotros. Afirma que este conocimiento-amor mutuo es igual al que el Padre le profesa a él y él al Padre. En Jesús se ensamblan y juntan el amor del Padre y el suyo con el suyo y el nuestro. Se crea un círculo virtuoso-amoroso entre el Padre, el Hijo, y los discípulos. Ya ahora partícipes del amor de Dios y partícipes en el amor de Dios; partícipes de su misma vida. El mismo Espíritu-Amor corre por todos nosotros. El misterio de la inhabitación de la Trinidad en nosotros anda por aquí. Realmente esa es la Salvación. Ser partícipes de la Vida y naturaleza divina en Jesucristo.

Nadie obliga a Jesús a entregar su vida. La entrega libremente. Ese entregar la vida por amor es el acto mismo en el que se recupera esa vida. La vida entregada es vida rescatada porque es hacer así la voluntad del Padre. Y el Padre quiere la Vida, pero una vida donada que es inmediatamente rescatada. No es juego de palabras. En Jesucristo, solo el que pierde la vida por los demás la gana para sí. Y no es por ganar; sino que la vida misma es así.

En el Evangelio hay también un toque universalista por parte de Jesús y su mensaje. Hay otras ovejas que no son “hijos de Abraham”. También esas ovejas están invitadas a formar parte de “un solo rebaño, un solo pastor”. Pastor y rebaño unidos y casi identificados. Por todos ellos corre la misma Vida-Espíritu y todos llamados a tener un solo corazón y una sola alma. Se han roto las fronteras de espacio y tiempo y a toda la humanidad llega la salvación realizada en Cristo Jesús resucitado.

Hoy, en la Iglesia, no podemos dejar de pensar en aquellos que han recibido la misión de “apacentar” al servicio de la comunidad de fieles. Los obispos y sacerdotes han recibido esta misión y ellos están llamados a ser reflejo del Buen Pastor que es Jesús. Sabemos que no es fácil y que hemos de contar con la debilidad humana, las limitaciones por edad o carácter, o por la realidad del pecado.

Hoy es un día para dar gracias por todos los servidores de la comunidad y pedir por ellos y por aquellos que han de venir después a seguir su misión. Es bueno estar cercanos a los sacerdotes de nuestras parroquias o comunidades. Y el estar cercano o quererlos no implica aparcar el espíritu de discernimiento sobre ellos y la posibilidad de ejercer también con ellos la corrección fraterna por alguna de sus actuaciones. Pero debe prevalecer el amor mutuo y fraterno. También la parroquia – iglesia debe ser “un solo rebaño, un solo pastor”. Celebrar juntos la eucaristía, tener un solo corazón y una sola alma y compartir el pan y la sal.

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