Dehonianos

Domingo de Ramos – ciclo A

Isaías 50, 4-7 – Salmo 21 – Filipenses 2, 6-11 – Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, Marcos 14, 1 y ss.

Poco a poco nuestra Cuaresma ha llegado a su fin. Ha sido un camino intenso, como lo son todos los caminos, con dificultades y llanos, con momentos de desierto intenso o lluvia recia que, tal vez, ha movido un poco nuestro corazón. Pero, por fin, hemos llegado…

…Aunque yo no lo tengo tan claro. Fijaos. Hay una palabra en el evangelio que hemos escuchado al inicio de nuestra celebración, el evangelio que nos habla de la entrada de Jesús en Jerusalén, que me ha dejado, me deja, un tanto perplejo. Resulta que Jesús se ha pasado una parte de su tiempo predicando, anunciando el Reino de Dios, curando a enfermos, yendo de acá para allá: Samaria, Judea, Galilea, incluso los territorios de alrededor y hay alguien en ese evangelio que se pregunta: “Y al entrar a Jerusalén toda la ciudad alborotada se preguntaba: ¿Quién es este?”. Quién es este…

No es una pregunta casual. No lo es. Es una pregunta que inunda todos los evangelios. Todos. Encontramos una pregunta similar en el evangelio de Marcos, al inicio de la predicación de Jesús y sus primeros milagros: “¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Marcos 4, 41). También en Juan, en boca de los fariseos y letrados y del tullido y curado: “¿Quién es el que te ha curado, quién es?” (Juan 9). O en el evangelio de Lucas, cuando Jesús perdona los pecados a la mujer que había ungido sus pies con lágrimas, los comensales preguntan: “¿Quién es este que hasta perdona los pecados?” (Lucas 7, 36 y ss). Quién. Quién. Quién… incluso en la lectura de la Pasión que hoy hemos escuchado aparece en boca de Pilato… “¿Quién eres tú, eres tú el Rey de los judíos?” (Pasión según san Marcos), “¿De dónde vienes?” (Pasión según san Juan).

Hemos llegado al final de nuestra Cuaresma y nos topamos de nuevo con una pregunta. Como si Dios mismo nos quisiera preguntar: “y después de todo, de tu vida, de lo que has vivido, de lo que me has escuchado… ¿quién soy yo para ti? ¿Has descubierto quién soy?”.

Sabemos, por los evangelios, que no todos tenían claro quién era Jesús para ellos: en la lectura de la Pasión Jesús, para unos, es un traidor, un blasfemo, para otros, el Mesías esperado, el amigo, el compañero. Para Pedro, un auténtico desconocido. Cada uno, a su modo, responde a esa pregunta: ¿Quién eres tú, Jesús, para mí? Y nosotros, cristianos, tendremos que hacernos la misma cuestión.

Y termino, hoy la liturgia nos pide a los sacerdotes que, literalmente “se haga una breve homilía”, que es la manera elegante de decirnos que no nos enrollemos, que lo importante es la Palabra de Dios y no nuestras palabras. Por eso os quiero lanzar un reto: el de acoger la Palabra de hoy y la de cada día y pensar, en este momento de silencio, quién es Jesús para mí, cuál es su rostro en mi vida, cómo lo siento o cómo no lo siento. Que, en definitiva afrontemos, hoy y siempre la pregunta que la Palabra de Dios nos lanza: “Y tú, Señor, Jesús, ¿quién eres?”.