Mons. Vittorio Francesco Viola O.F.M.
Arzobispo Secretario del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
Reproducimos a continuación, por amable concesión del editor, el Prefacio de Mons. Vittorio Francesco Viola, secretario del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, al volumen de Andrea Dall’Amico, Il luogo del sacramento della riconciliazione come Epifania dell’amore di Dio per l’uomo peccatore, Cittadella, Asís 2026.
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Desde el día de nuestro pecado en el jardín del Edén, la Santísima Trinidad ha marcado la historia de los hombres con infinitas intervenciones de misericordia, hasta querer “llenarla” de misericordia con la encarnación del Verbo: Cristo es, en cierto sentido, la misericordia encarnada (cf. Juan Pablo II, Dives in misericordia, n. 2); es la visibilidad y la eficacia del amor del Padre «rico en misericordia» (Ef 2,4), que libera al hombre esclavo del pecado.
La fuerza de las palabras y de los gestos de Jesús, que culminan todos en su Pascua, continúan estando presentes y siendo eficaces en la celebración del sacramento de la reconciliación: a través de la dimensión ritual, la fuerza de las palabras dichas a la adúltera —«Tampoco yo te condeno; vete y en adelante no peques más» (Jn 8,11)— se convierten en un acontecimiento actual en el que actúa la gracia del perdón como una posibilidad concreta de vida nueva.
Escribe el papa Francisco en la Carta Apostólica Desiderio desideravi (n. 42): «… La Liturgia está hecha de cosas que son exactamente lo contrario de abstracciones espirituales: pan, vino, aceite, agua, perfume, fuego, ceniza, piedra, tela, colores, cuerpo, palabras, sonidos, silencios, gestos, espacio, movimiento, acción, orden, tiempo, luz. Toda la creación es manifestación del amor de Dios: desde que ese mismo amor se manifestó en plenitud en la cruz de Jesús, toda la creación es atraída por él. Es toda la creación la que es asumida para ponerse al servicio del encuentro con el Verbo encarnado, crucificado, muerto, resucitado, ascendido al Padre».
Por este motivo, el lugar donde se hace presente la gracia de los sacramentos nunca puede ser solo un contenedor inerte, sino que forma plenamente parte de la potencia del obrar ritual; favorece sus dinámicas propias y, a su vez, es modelado por ellas.
Es, por tanto, legítimo preguntarse cómo sucede todo esto en el caso del sacramento de la reconciliación. A esta pregunta, nada sencilla, el autor intenta dar una respuesta con rigor científico e intuiciones originales.
A través de un método analítico, comparativo e integrador, después de un atento status quaestionis, pone de relieve la pluralidad de enfoques sobre la relación entre el espacio y la celebración: funcional-arquitectónico, histórico-teológico, antropológico. El estudio logra integrarlos entre sí. La relación metafórica entre el espacio dedicado al sacramento y el rito celebrado se presenta como prioritaria para transmitir los contenidos teológicos del propio sacramento, en la línea de lo afirmado por la Nota pastoral de la Conferencia Episcopal Italiana La progettazione di nuove chiese (18 de febrero de 1993), n. 2: «El espacio litúrgico, tanto durante como fuera de la celebración, con una modalidad específica interpreta y expresa simbólicamente la economía de la salvación del hombre, convirtiéndose en visible profecía del universo redimido».
En este horizonte conceptual se traza el desarrollo del sacramento de la Penitencia desde sus orígenes hasta el Ordo actual, captando su sentido teológico y su funcionalidad celebrativa. A la luz de lo expuesto, se analizan y comparan algunas realizaciones de espacios para la celebración del sacramento de la Reconciliación, con el objetivo de llegar a nuevas propuestas, concretas y sostenibles, que hagan del lugar de la celebración una epifanía del amor de Dios por el hombre pecador.
El desarrollo de la celebración del sacramento de la reconciliación muestra, quizá más que otros sacramentos, cómo la comprensión teológica se expresa siempre en una forma ritual: la variedad de formas que la penitencia ha asumido manifiesta un desarrollo continuo de la reflexión teológica.
Este estudio aborda la cuestión del lugar de la celebración partiendo del punto de llegada de una reflexión sobre el sacramento que encuentra expresión en la reforma del Ordo Pænitentiæ querida por el Concilio Vaticano II. Algunas «tensiones», no siempre fácilmente integrables, presentes en su interior se reflejan inevitablemente también en la cuestión del lugar de la celebración. Ulteriores desarrollos en la reflexión teológica podrán abrir otros espacios de profundización en la dimensión ritual.
Por el momento, estas páginas ofrecen —como decía— algunas propuestas útiles. Entre ellas resulta interesante —también para una profundización del tema de la ministerialidad bautismal— aquella que atribuye un papel a los lectores instituidos en relación también con la funcionalidad ritual del lugar dedicado a la celebración.
Considero que este estudio ofrece una doble contribución. Por una parte, invita a relanzar una reflexión sobre el sacramento de la reconciliación: además de ser necesaria, hoy encuentra un contexto que, aun en su complejidad, puede favorecerla. Por otra, sugiere algunas indicaciones que, si son acogidas, permiten desde ahora mejorar la praxis celebrativa, haciéndola más coherente con los principios expuestos en los Prænotanda del Ordo. Y esto comenzando por el lugar en el que se nos concede encontrar la fuerza liberadora de la misericordia de Dios.