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Sacerdotes del Sagrado Corazón

Conoce nuestra historía

Juan María de la Cruz

El beato Juan María de la Cruz, cuyo nombre de pila era Mariano García Méndez, nació en San Esteban de los Patos (Ávila) el 25 de septiembre de 1891. En el seno de su familia, humilde, trabajadora y piadosa, sintió la primera llamada al sacerdocio.

Ingresó en el seminario diocesano de Ávila, donde recibió la ordenación sacerdotal el 18 de marzo de 1916.

De espíritu inquieto, sabía que su vocación no era la de ser “cura de pueblo”, por esta razón probó en varias familias religiosas, pero su débil salud no le permitía ese modo de vida tan austero.

Conoció la Congregación de Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús por medio del P. Guillermo Zicke, ingresando y haciendo su primera profesión en la solemnidad de Cristo Rey de 1926.

Pasó por varias comunidades, siendo Puente la Reina el destino que más tiempo ocupó, encargándose de la búsqueda de bienhechores para esta escuela.

A causa de las persecuciones que sufría la Iglesia en 1936, fue destinado a Garaballa (Cuenca) y, posteriormente a Valencia, donde fue detenido y encarcelado al protestar por la quema del templo de los Santos Juanes.

Tras un mes en la cárcel modelo, donde dio un gran testimonio de su fe y de amor al prójimo, el 23 de agosto de 1936, fue martirizado en el municipio de Silla.

Son numerosos los escritos que nos dejó, especialmente diarios y sermones, a través de los cuales podemos conocer la profundidad de su experiencia religiosa.

En estas breves líneas, nos da la oportunidad de conocer, de su propia vivencia, nuestro carisma dehoniano:

El espíritu de nuestro Instituto ha de ser necesariamente espíritu de amor y de reparación. Es decir, no de un amor cualquiera, no de un amor de meras palabras, sino de un amor que se sacrifica, de un amor que se inmola como víctima, con el fin de reparar. Luego no es solo espíritu de amor y reparación, sino que es también espíritu de sacrificio, espíritu de inmolación, espíritu de víctima

Con motivo del 25 aniversario de su beatificación, hemos encargado una talla en madera de nuestro beato al escultor Edwin González. Se trata de una representación que nace de sus fotos y retratos, pero, sobre todo, de su experiencia de fe:

  • el hábito y el cordón con los tres nudos, expresando su consagración religiosa y su forma de estar ante la sociedad.

  • La agenda, perforada por las balas en su martirio, testimonio de su coherencia de vida en prisión, de su entrega generosa, de su amor desmedido, pues ni el miedo ni la falta de libertad le apartaron del amor de Cristo.

  • La palma del martirio, signo de su participación en la victoria de Cristo sobre la muerte: “feliz el que tenga la suerte de derramar la sangre por nuestro Señor”

Señor y Padre nuestro,

rico en bondad y misericordia,

concédenos, por intercesión de tu siervo

el beato Juan María de la Cruz,

imitar su vida generosa y entrega hasta el extremo

en el servicio a las vocaciones,

y entre los pobres y sencillos,

siendo siempre testigo de tu amor.

Confiamos a tu Corazón nuestro deseo

de verle glorificado en la Iglesia,

y esperamos que, por sus ruegos,

nos otorgues la gracia que te pedimos.

(pídase la gracia que se desea alcanzar)

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Juan Maria de la Cruz

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