Dehonianos

Giovanna Pasqualin Traversa

Desde el 9 de diciembre en Australia está prohibido el uso de redes sociales a menores de 16 años. Es una señal contundente, respaldada por datos científicos y recomendaciones internacionales, que abre un camino a seguir. Hay coincidencia en un punto esencial: retrasar la entrada de las redes sociales en la vida de los niños significa proteger su crecimiento físico, mental y psicológico.

Con la nueva norma vigente desde el 9 de diciembre en Australia, primer país en el mundo en adoptarla, los jóvenes menores de 16 años no pueden acceder ni crear cuentas en YouTube, TikTok, Facebook, Snapchat, Instagram, X, Reddit, Twitch y Threads. Se prevén multas millonarias para las empresas que no respeten la prohibición.

No se trata de un simple decreto normativo, sino de una firme toma de posición para proteger el bienestar de las nuevas generaciones. A respaldo de esta medida, llegan estudios de gran relevancia, como el publicado el 1 de diciembre en la revista estadounidense Pediatrics. Sin olvidar peticiones «Stop smartphones y redes sociales antes de los 14 y 16 años», lanzada en septiembre de 2024 por médicos, psicoterapeutas y pedagogos del desarrollo infantil, alguna de las cuales recogió casi 105.000 firmas.

Los datos americanos: riesgos ya a los 12 años

El estudio publicado en Pediatrics, “Smartphone Ownership, Age of Smartphone Acquisition, and Health Outcomes in Early Adolescence”, dirigido por Ran Barzilay del Children’s Hospital of Philadelphia, incluyó a más de 10.000 jóvenes de entre 9 y 16 años dentro del Adolescent Brain Cognitive Development Study.

Los resultados son claros: a los 12 años, quienes poseen un smartphone tienen un riesgo aumentado de depresión del 31%, de obesidad del 40% y de insomnio del 62%. Cada año que se adelanta la adquisición del teléfono aumenta un 9% el riesgo de obesidad y un 8% el riesgo de insomnio.

«La preadolescencia ya es una fase de gran vulnerabilidad, marcada por cambios físicos, hormonales y sociales: añadir un instrumento que intensifica estímulos, comparaciones y notificaciones puede convertirse en un factor adicional de presión y ansiedad», explica Barzilay.

Las recomendaciones italianas: no smartphone antes de los 13 años

En las nuevas recomendaciones, en Italia se reafirma la necesidad de retrasar la introducción del smartphone al menos hasta los 13 años. Las directrices actualizadas prevén, en resumen: sin acceso no supervisado a Internet antes de los 13 años, límites estrictos antes de los 5 años (máximo una hora al día), supervisión constante de los padres en el uso del smartphone y promoción de actividades alternativas como deporte, lectura y juego creativo.

Dado que el 89% de los adolescentes duerme con el móvil en la habitación, los pediatras advierten sobre los riesgos: ansiedad, síntomas depresivos, aislamiento, baja autoestima, adicción a las redes, ciberacoso, exposición temprana a pornografía y aumento del riesgo de ideación suicida.

Las niñas, en particular, resultan más vulnerables a la comparación social y al Fear of Missing Out (miedo a perderse algo).

Retrasos cognitivos y adicciones. El uso temprano del digital también interfiere con el desarrollo cognitivo, el lenguaje, la concentración y el aprendizaje. Estudios de neuroimagen muestran cambios en las áreas cerebrales relacionadas con la atención. Además, hay impactos físicos: fatiga visual, aumento precoz de miopía, sedentarismo y obesidad. El mensaje de los pediatras es claro: cada año ganado sin smartphone es una inversión en la salud física, mental, emocional y relacional de los niños.

Alberto Pellai también habla de privación de sueño, déficit de atención y concentración, disminución de relaciones sociales y riesgo de adicción como efectos de un uso demasiado temprano de smartphones y redes. Observando cómo, respecto a hace veinte años, la salud mental y la calidad de vida de los menores han empeorado, el psicoterapeuta advierte: «El smartphone puede convertirse en una trampa que encierra y crea adicción», porque «el cerebro produce dopamina» y el adolescente en las redes «entra en un círculo vicioso difícil de romper».

Otros autores alertan sobre los riesgos de un uso demasiado temprano de las redes: «contenidos extremos, relaciones tóxicas, experiencias emocionales tempranas y desestabilizadoras».

Una señal fuerte

El límite de 16 años establecido por Australia es más estricto, pero nace de la misma preocupación basada en evidencias científicas internacionales que deberían ser objeto de reflexión también para las políticas públicas de otros países.

No se trata de demonizar lo digital, sino de proteger a niños y preadolescentes de un uso demasiado temprano. En cualquier caso, son necesarios límites claros, presencia adulta y espacios «offline», especialmente durante la noche.

Australia ha dado una señal fuerte y ha abierto un camino que también puede ser seguido por otros, comenzando por la UE.

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