Dehonianos

Los Magos, buscadores de Dios.

Los Magos de oriente, hombres de corazón inquieto, son el modelo del largo peregrinaje de la vida del cristiano. Ellos, bajo la guía de la estrella encontraron el camino hacia Belén. Son hombres como tú y yo, pero que no se conformaron con su pequeña parcela de sabiduría, o con sus negocios, o con su trabajo diario. Quizá aquí radique la primera diferencia entre ellos y nosotros: su pasión por la búsqueda de la verdad, la bondad y la belleza. Su inconformismo y su sed, en lugar de nuestra monotonía y apatía. Buscaban una realidad  más grande.

Hombres que se hacían preguntas, y querían saber si Dios existe o no, y dónde encontrarlo, y cómo es. ¿Será un Dios impertérrito, ubicado más allá de nuestras vidas, sin preocuparse de nosotros, como los dioses del Olimpo? ¿O por el contrario será cercano? Sea uno u otro, ¿cómo podemos encontrarlo?

Y para dar respuesta a todas esas preguntas que bullían en su interior, se arman de valor y se ponen en camino. Necesitaban saber para vivir, como necesitamos el respirar.

Los Magos, desbordados por Dios.

Desde el inicio, al ponerse en camino los Reyes Magos siguen una estrella. Eran hombres que buscaban la verdadera luz. Una luz que indicara el camino que es preciso recorrer en la vida. Sabían que existía en el universo la «firma o el sello» divino, solo hay que seguirlo, descubrirlo y descifrarlo.  

Pero en el camino hay tropiezos. Algo o alguien se pueden interponer en nuestra búsqueda. Herodes es un ejemplo de ello. Su actitud es brutal, como el niño le impediría seguir en el poder, es mejor quitarlo de en medio. ¿Y nosotros, no somos un poco herodianos? ¿No quitamos a Dios de en medio de nosotros si no nos deja alcanzar nuestras metas o proyectos?

Y aquí es donde hay que dejarse sorprender por Dios. Dios siempre desborda las expectativas. Los Magos buscaban al Rey, por eso se acercan donde Herodes; pero el encuentro con el niño les sobrepasa: es la manifestación del amor de Dios y su ternura por la humanidad.

Cuando nos dejamos guiar y sorprender por Aquel que está en el fundamento de todas las cosas y le dejamos guiar nuestra vida, descubriremos, junto con los Magos, que Dios es el amor omnipotente que no quita nada, al contrario, ofrece la posibilidad de vivir la vida en plenitud.

Y finalmente lo adoraron.

                Y llegando al encuentro, solo queda una cosa: postrarnos y adorar al niño. Adorar a Dios. Ofrecerle nuestra vida. Porque el que creó el mundo, y nació en una cueva, hoy sigue habitando en la Eucaristía. Nos interpela, nos ama y quiera vivir junto a nosotros.

                Los Magos, abriendo sus cobres le ofrecieron regalos. El mejor regalo que podemos ofrecer a Dios es nuestra voluntad: ¡heme aquí. Oh Dios, para hacer tu voluntad!

Y para entender este itinerario de los Reyes, un cuento:

Existe un relato hindú acerca de un aldeano que se acercó a un santón, que estaba meditando a la sombra de un árbol, y le dijo: «Quiero ver a Dios. Dime cómo puedo experimentarlo».

El santón, como es típico en ellos, no dijo ni palabra, sino que siguió haciendo su meditación.

El aldeano volvió con la misma petición al día siguiente, al otro, y al otro, y al otro… sin recibir respuesta, hasta que, al fin, al ver su perseverancia, el santón le dijo: «Pareces un verdadero buscador de Dios. Esta tarde bajaré al río a tomar un baño. Encuéntrate conmigo allí».

Cuando, aquella tarde, estaban los dos en el río, el santón agarró al aldeano por la cabeza, lo sumergió en el agua y lo mantuvo así durante un rato, mientras el pobre hombre luchaba por salir a la superficie. Al cabo de un par de minutos, el santón lo soltó y le dijo: «Ven a verme mañana junto al árbol».
Cuando, al día siguiente, acudió el aldeano al lugar indicado, el santón fue el primero en hablar: 

«¿Dime, por qué luchabas de aquella manera cuando te tenía sujeto por la cabeza debajo del agua?» 

«Porque quería respirar; de lo contrario, habría muerto», respondió el aldeano.
El santón sonrió y dijo: «El día en que desees a Dios con la misma ansia con que querías respirar, ese día lo encontrarás, sin lugar a dudas».

Susan Trott