La Palabra de Dios en este 32º Domingo del Tiempo Ordinario, estamos llegando al final del año litúrgico, nos insta a vivir coherentemente nuestra existencia hasta la segunda venida de Jesús.
En la primera lectura (Sabiduría 6, 13-17) el autor del libro de la Sabiduría nos invita a la búsqueda de este don de Dios para hallar la felicidad; ya que, Quien temprano la busca no se fatigará, pues a su puerta la hallará sentada.
En la segunda lectura (1Tesalonicenses 4, 12-17) Pablo transmite a los cristianos de Tesalónica la certeza de la plenitud de la vida a los que han muerto, siendo fieles en el seguimiento de Jesús. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él.
En el Evangelio (Mateo 25, 1-13)se nos recuerda, que la espera de la segunda venida del Señor, no puede ser una espera de brazos cruzados, sino el caminar, día a día, haciendo realidad la enseñanza de Jesús en la construcción del Reino de Dios. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
— «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!»
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas:
— «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.»
Pero las sensatas contestaron:
— «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.»
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:
— «Señor, señor, ábrenos.»
Pero él respondió:
— «Os lo aseguro: no os conozco.»
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.
Palabra del Señor.
Para el autor del texto de la primera lectura que hemos leído hoy, la búsqueda de la Sabiduría no es un camino arduo, lleno de obstáculos y peligros. Para el sabio israelita la Sabiduría se basa en el conocimiento de la Ley de Dios y su puesta en práctica en el día a día. Ese es el camino para superar las dificultades que irán apareciendo a lo largo de la vida y encontrar la verdadera felicidad. Como nos recuerda el salmo 62: Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agotada, sin agua
Pablo, en la carta a los Tesalonicenses, trata de responder a una de las cuestiones que preocupaba a los cristianos de los primeros tiempos: ¿cuándo tendrá lugar el regreso del Señor y cómo acudirán a su encuentro los que ya hayan muerto?
La respuesta de Pablo se basa en la certeza de la resurrección de Jesús y. por lo tanto, de nuestra propia resurrección. El momento, está en el tiempo de Dios. Todos, vivos y difuntos celebraremos el encuentro con el Resucitado, con el Señor de la Vida, sin ninguna distinción.
Jesús, a través de la parábola nos asegura su segunda venida en el tiempo de Dios. En el tiempo del hombre ese acontecimiento salvador se está dilatando. El espacio que resta hasta su regreso los cristianos tenemos que vivir activamente; no podemos quedarnos en una espera soñolienta y apática. Estamos llamados a caminar con apasionamiento en la vivencia y transmisión del mensaje de Jesús. Estamos comprometidos en la construcción del Reino en un mundo que, muchas veces, experimenta el desaliento y la carencia de un futuro con sentido.
Empeñarnos en la construcción de un mundo, según Dios, es estar preparado para recibir al Señor y poder participar en el banquete del Reino: velad, porque no sabéis el día ni la hora.
Vivat Cor Iesu!
P. Julián Arroyo