Dehonianos

La Solemnidad de TODOS LOS SANTOS es una de las grandes celebraciones que, a lo largo del año, van tiñendo de un color y una luz especial nuestro caminar en el seguimiento de Jesús, el Señor.

En el día de hoy celebramos, recordamos, hacemos memoria de todas esas personas, hombres y mujeres, que a lo largo de la historia han hecho posible la humanización de nuestro mundo, cada uno en el tiempo concreto que les tocó vivir.

Esta fiesta tiene su origen en el siglo VII. El papa Bonifacio IV (608-615) consiguió que Focas, emperador del Imperio romano de Oriente (602-610), le concediera el Panteón de Agripa para ser convertido en una iglesia cristiana. El papa Bonifacio consagró este edificio, el 13 de mayo de 609, a Santa María y a todos los Mártires. Desde las catacumbas de Roma fueron trasladadas una serie de reliquias que se depositaronen un sarcófago de porfirio bajo el altar mayor de la recién consagrada Santa María ad Martyres. Es el inicio delculto a Todos los Santos en Occidente.

Hoy, en la Palabra de Dios, escuchamos las Bienaventuranzas, ellas forman parte del nuevo programa que Jesús nos ha presentado para caminar en su seguimiento y hacer presente, en cada época, la posibilidad de seguir construyendo el Reino de Dios. Mano a mano, el Creador y la creatura recorren el tiempo y el espacio en la construcción de un nuevo amanecer, según Dios.

Lectura del santo evangelio según san Mateo  5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles:

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los Hijos de Dios.»

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Palabra del Señor.

En la primera lectura (Apocalipsis 7,2-4.9-14) hemos escuchado: Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.

Nosotros, conocemos el nombre y la vida de algunos hombres y mujeres de esa muchedumbre inmensa: San Pedro, San Pablo, San Juan, San Francisco de Asís, Santa Margarita María, Santa Teresa de Jesús, Santa Teresa de Calcuta… pero, desconocemos a la inmensa mayoría de esa muchedumbre. Son los millones y millones de Pedros, Pablos, Juanes, Franciscos, Margaritas, Teresas… que han gastado su vida siguiendo el Espíritu de las bienaventuranzas, han recibido el abrazo de Jesús y se han sentado a la mesa del Reino con el Padre.

Es Emiliano, el panadero, que cada día amasa la harina con la levadura de la atención, el buen peso y el respeto a todos los que comparten el pan. Es Magdalena, la madre de familia, que cuida de los suyos y en silencio ayuda a las familias que pasan necesidad. Es Santiago, el labrador, que siembra todos los años y confía que su cosecha mitigue el hambre de tantas personas. Y así, una muchedumbre de electricistas, maestras, sacerdotes, camioneros, religiosas, profesores, misioneros…Todos ellos, bienaventurados, dichosos, felices porque amaron a Dios y al prójimo; haciendo posible un mundo mejor.

Vivat Cor Iesu!

P. Julián Arroyo