Dehonianos

La Palabra de Dios en este 30º Domingo del Tiempo Ordinario nos muestra que solo a través del amor al prójimo llegamos al amor de Dios. Solo a través del cuidado del otro llegamos al corazón de Dios.

En la primera lectura (Éxodo 22, 20-26), el Dios libertador de Israel le recuerda a su pueblo que, por puro amor vuestro, los sacó de la esclavitud de Egipto y les ha conducido a la tierra que mana leche y miel; ese Dios no tolerará comportamientos injustos por parte de su pueblo, con los extranjeros y los más débiles de su sociedad.

En la segunda lectura (1Tesalonicenses 1, 5c-10), Pablo da gracias a los tesalonicenses porque, a pesar de las dificultades, sus palabras y sus vidas han conseguido transmitir el evangelio, no solo en Macedonia y en Acaya, sino en todo el mundo griego.

En el Evangelio (Mateo 22, 34-40),Jesús, una vez más, sorprende y nos sorprende con su respuesta a la pregunta del grupo de los fariseos: no se puede amar a Dios sin amar al prójimo: Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba:

— Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Él le dijo:

— «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero.

El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.»

Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

Palabra del Señor.

El texto del libro del Éxodo que hemos escuchado pertenece a lo que se llama el Código de la Alianza. Este Código es un conjunto de normas que regulan la actuación, adecuada, del pueblo de Israel en su día a día.Si Israel quiere estar en comunión con el Dios que le ha sacado de la esclavitud, no puede actuar como el tirano que abusa y explota a los más débiles de la sociedad, los extranjeros, los huérfanos, las viudas y los pobres: Si grita a mí yo lo escucharé, porque yo soy compasivo. Nosotros, el nuevo pueblo de Israel, estamos en la misma situación: ¿cuál es nuestra actitud ante los más débiles de nuestro mundo?

Pablo, sigue dando gracias a los cristianos de Tesalónica porque, a pesar de las dificultades creadas por los judíos y las autoridades, ellos han seguido siendo fieles al mensaje recibido por parte de Pablo y sus colaboradores. Lo que recibieron con alegría lo han mantenido a pesar de las contrariedades. Su coherencia de vida se ha expandido por todo el territorio siendo un ejemplo para otras comunidades: vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca,… cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero. Dios recompensará su fidelidad.

Jesús sigue, en Jerusalén, sufriendo los ataques de las autoridades y grupos judíos. El cerco se va estrechando cada vez más. La pregunta de hoy tiene su sentido, aunque los fariseos, maestros en saber hasta el más pequeño detalle de la ley, sabían perfectamente la respuesta. Además de los 10 mandamientos, el pueblo de Israel ha ido tejiendo un entramado legal, que contiene más de 600 preceptos. Preceptos que hay que cumplir y acciones que hay que evitar. Ante esta maraña legal: ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Es posible que nosotros, después de dos mil años, hayamos cubierto la palabra de Jesús de multitud de preceptos, prohibiciones, normas precisas y concisas de actuación, que hayan oscurecido la luz del evangelio. Necesitamos recuperar la unidad del amor a Dios, hacer su voluntad, y del amor al prójimo, de todo ser humano; como caras de una misma moneda que nos conduce a la construcción, día a día, del Reino de Dios, de una humanidad bajo la civilización del amor.

Vivat Cor Iesu!

P. Julián Arroyo