La Palabra de Dios en este 28º Domingo del Tiempo Ordinario utiliza la imagen del banquete; el domingo 27º lo hacía con la imagen de la viña.
En la primera lectura (Isaías 25, 6-10a), Isaías, el profeta de un futuro abierto, anuncia que Dios está preparando un banquete para todos los pueblos. Aceptar la invitación y sentarse a esa mesa conducirá a la humanidad al encuentro con Dios y a la felicidad.
En la segunda lectura (Filipenses 4, 12-14.19-20), seguimos leyendo la carta que Pablo escribe a la comunidad cristiana de Filipos. Una comunidad que ha aceptado la invitación al banquete y que camina haciendo vida el mensaje evangélico que les ha transmitido el apóstol de los gentiles.
En el Evangelio (Mateo 22, 1-14),Jesús retoma la imagen del banquete, del profeta Isaías, y sigue con su crítica a los líderes judíos que han rechazado la invitación de Dios. Serán otros los que aceptarán la invitación y se sentarán a la mesa.
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del ueblo, diciendo:
— El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda. Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:
— La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
— Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?
El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros:
— Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.
Palabra del Señor.
Isaías, presenta un futuro esperanzador a través de la imagen del banquete. Un banquete que Dios va a preparar en el monte Sión, no solo para el pueblo de Israel, sino para todos los pueblos. Es el comienzo de una nueva era para el ser humano; será la comunión total de Dios con la humanidad y de la humanidad con Dios. Son los tiempos mesiánicos: Aquí está nuestro Dios, aniquilará la muerte para siempre, enjugará las lágrimas de todos los rostros, celebremos y gocemos con su salvación.
Pablo, en el último capítulo de su carta, agradece a los filipenses la ayuda que le han prestado, ayuda material y la compañía de Epafrodito. Aunque Pablo, está hecho a la pobreza y la abundancia, y a conseguir su sustento con el trabajo de sus manos; desde su propia experiencia, les anuncia que: En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.
Jesús, tal como nos cuentan los evangelios, es invitado y se invita a comer, con muy distintos comensales: fariseos, saduceos, publicanos, pecadores, etc. El texto de Mateo, de este domingo, nos presenta a Jesús intentando, una vez más, a través de dos parábolas, convertir el corazón de los dirigentes judíos para que acepten la salvación que les está ofreciendo.
En la primera parábola, el banquete de bodas del hijo del rey, la invitación es despreciada y cada cual sigue con su vida de espaldas a la oferta recibida. Jesús nos invita, a todos, a aceptar su mensaje, para poder sentarnos a la mesa del Reino. Nos urge a no actuar como los sacerdotes, los escribas, los doctores de la Ley, tan pagados de si mismo que se creen con el derecho de juzgar a los demás y no necesitar la salvación que ofrece Jesús.
En la segunda parábola, el comensal sin traje de fiesta ha aceptado la invitación, pero no lleva el traje apropiado para la celebración de ese banquete. Aceptar el mensaje implica vivir de acuerdo con los principios y valores del Reino, este es el traje adecuado. No podemos seguir sin practicar la misericordia, el compartir, la acogida, el perdón, la ternura, la escucha y pretender sentarnos a la mesa del Reino.
Vivat cor Iesu
P. Julián Arroyo