La Palabra de Dios en este 27º Domingo del Tiempo Ordinario utiliza la imagen de la viña, la viña de Dios.
En la primera lectura (Isaías 5, 1-7), el profeta Isaías muestra el amor y la solicitud de Dios por su viña. El pueblo de Israel, como contrapartida, no se deja transformar por el amor siempre fiel de Dios y produce unos frutos contrarios a la justicia, el derecho, el respeto por los mandamientos y la fidelidad a la Alianza.
En la segunda lectura (Filipenses 4, 6-9), Pablo exhorta a los cristianos de la ciudad griega de Filipos, y a todos los que forman parte de la viña de Dios, a que vivan en la alegría y en la serenidad, respetando lo que es verdadero, noble, justo y digno. Son esos los frutos que Dios espera recoger de su nueva viña.
En el Evangelio (Mateo 21, 33-43),Jesús retoma la imagen de la viña. Critica a los líderes judíos que se adueñan de la viña de Dios y se niegan a ofrecerle los frutos que le corresponden. Jesús anuncia que va a confiar la viña a otros trabajadores que produzcan y que entreguen a Dios los frutos que él espera.
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 21, 33-43
En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo:
— Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.» Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: «Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?
— Le contestaron: Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos.
— Y Jesús les dice: ¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los Cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.
Palabra del Señor.
Isaías, como el resto de los profetas de Israel, recurre a la imagen de la viña para expresar la historia de amor que Dios siempre ha querido establecer con su pueblo. La respuesta del pueblo, frecuentemente, ha sido el desamor: La viña del Señor de los Ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos. Isaías, no pierde la esperanza, sueña y anuncia la llegada del Emmanuel.
Pablo, misionero de la comunidad cristiana de Filipos, escribe a sus amigos, los filipenses, dándoles las gracias por su ayuda y exhortándoles a que recobren la paz para poder caminar como parte del nuevo pueblo de Dios: Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable; todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros.
Jesús, el Emmanuel (el Dios-con-nosotros) soñado por Isaías, ha concluido su viaje en Jerusalén. La parábola de hoy, y la del próximo domingo, ponen de manifiesto el rechazo de Israel al proyecto de salvación que Dios ofrece por medio de Jesús. Los dirigentes judíos no han aceptado ninguna de las iniciativas que Dios ha ido ofreciendo, a lo largo de la historia de Israel, para reconducir la relación de amor rota en múltiples ocasiones: Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los Cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. Nosotros somos el nuevo pueblo de Dios, la viña que el Señor sigue tratando con infinita ternura. Dios espera que produzcamos los frutos que ayuden a seguir construyendo, día a día, el Reino de Dios en nuestro mundo.
Vivat cor Iesu
P. Julián Arroyo