“Cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo, y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida.
Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos ciertamente vivirá y no morirá” (Ez 18,27-28).
Las gentes murmuraban contra Dios atribuyéndole un proceder injusto. Dios le responde por medio del profeta Ezequiel: “El malvado muere por su propia maldad. Pero si quiere salvarse tiene que pasar por el camino de la conversión”.
Para el profeta, adherirnos a la voluntad y la justicia de Dios es un compromiso personal.
Igualmente, para el Apóstol Pablo la adhesión a Jesús está sustentada en tener los mismos sentimientos que Cristo Resucitado. Esos sentimientos deben cambiar nuestras vidas. Esa pretensión, implica, ineludiblemente, nuestra conversión.
En el Evangelio (Mt 21,28-34), Mateo no nos dice que el hijo que no va a la viña haya desobedecido por despecho o por maldad. Tal vez se quedó solo entretenido en sus ocupaciones y distracciones habituales. Esa puede ser la actitud de muchos creyentes en la actualidad.
Jesús trata de anteponer las dos actitudes.
Primero está la de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. Parecían, en principio, más cercanos a la palabra de Dios.
Eran un modelo social y religioso. Pero no aceptaron la invitación a la santidad y a la justicia que les dirigía Juan el Bautista.
Y, en segundo lugar, los publicanos y las prostitutas que eran, ciertamente, marginados sociales en esos tiempos. Eran vistos como la viva imagen del pecado. Parecían ignorar la voluntad de Dios, pero escucharon al Bautista y se convirtieron de corazón. Y eso es lo importante a los ojos del Maestro.
La parábola habla del hombre. Nos pregunta donde ponemos nuestros intereses a la hora de escuchar a Dios. Nos recuerda el valor que tiene la conversión.
Pero la parábola nos habla, sobre todo, de Dios. Él no espera de nosotros solo buenas palabras. Espera la seriedad de nuestro compromiso y la conversión que conduce a la vida.
Por eso le damos gracias a Dios por invitarnos a trabajar en su viña, que es, también, la nuestra.
Que nuestros intereses no nos impidan escuchar tu Palabra y cumplir tu voluntad, Señor.
Un día especial para la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús. El 27 de septiembre será beatificado el P. Martino Capelli, scj, que murió por causa del evangelio en el 1944 en Italia. Religioso-sacerdote que quiso entregar su vida a Dios desde una entrega martirial a su “rebaño”. La Iglesia le reconoce como mártir de Cristo por entregar su vida alentando-cuidando a sus feligreses en esos tiempos convulsos, difíciles de la II Guerra Mundial.