Comenzamos nuestra reflexión con la exhortación que encontramos en el libre de Isaías:” Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca” (Is 55,6). Nos invita a salir de nuestro refugio, de nuestras seguridades. El mundo en que nos toca vivir parece que tiene “las puertas cerradas” para hacernos vivir ensimismados en nosotros mismos”. Dios es amplitud, es más amplio que nuestras pequeñeces, que nuestros egoísmos, que nuestros prejuicios.
Esta cercanía de Dios la vemos también en el salmo con el que respondemos a la lectura: ”Cerca está el Señor de los que lo invocan” (Sal 144). Dios siempre está cerca de su pueblo y lo acompaña. Lo guía y lo protege.
San Pablo nos señala en su carta a la comunidad de Filipos que lo importante es llevar una vida digna del Evangelio de Cristo.
El texto evangélico expone una de las parábolas que se llaman del Reino.
Por eso debemos pensar que Jesús la pronuncia pensando en el mundo judío, pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, llamando a trabajar en la viña desde al “amanecer” hasta el “atardecer”. Es la llamada de Dios lo que le convierte en su pueblo.
Pero Cristo amplía la llamada a más pueblos. Esto lo entendieron muy bien los primeros cristianos provenientes del judaísmo. Aunque algunos dudaban de los que se incorporaban tarde al Reino, después de estar tiempo lejos de él: ¿ podrían ser pueblos que trabajasen juntos “en la viña del Señor”? ¿su trabajo podría ser tan reconocido como los de “la primera hora”?
Cuando estas preguntas se empezaban a formular, es cuando Jesús da a conocer cuáles son sus pensamientos. Esta parábola refrenda el pensar de San Pablo: los que no provienen del mundo judío…también tienen las puertas del Reino abiertas, con los mismos derechos y beneficios -salario- que los judíos.
Muchas veces, estos, creían en la justicia exenta de misericordia cuando había que tratar a ” los otros”. Los judíos creían que la justicia-misericordiosa de Dios la tenía reservada para ellos: hacer a Dios a su imagen. Pero “gracias a Dios” los planes de Dios, como señala el profeta Isaías en la primera lectura, no son como los nuestros, porque Dios nos da más de lo que merecemos, infinitamente más.
¡Cuántas veces nosotros queremos que la estricta JUSTICIA NO SEA TAN ESTRICTA NI TAN JUSTICIA cuando haga referencia a nuestras vidas, a nuestros actos!
Si fuéramos tratados con estricta justicia por Dios… Pero a todos nos ha llegado una gran dosis de generosidad por parte de Dios. No debemos molestarnos porque esa generosidad llegue, también, a nuestros hermanos.
Debemos imitar la forma de actuar tan generosa de Dios y que nuestros planes se acomoden a los planes de Dios (y no al revés).
Dios quiere que respondamos a su llamada, ya sea “al amanecer” o al “anochecer”.
Dios siempre quiere que seamos felices, quiere nuestra felicidad. Los caminos de Dios son “más altos” que nuestros caminos.