El libro del Eclesiástico nos dice hoy que el rencor no tiene cabida en el corazón del creyente. Si guardamos rencor hacia nuestros hermanos, hacia nuestro prójimo, nuestra relación con Dios se ve muy afectada, ya que el perdón es un principio clave para poder recibir…el perdón de Dios.
San Pablo, en su carta a los Romanos refuerza sus enseñanzas al recordarnos que vivimos y morimos para el Señor. En la vida y en la muerte somos del Señor. Es decir, nuestra vida no nos pertenece, sino todo lo que somos y tenemos está destinado a Dios. Esto nos implica una vida en unidad con Cristo, quien nos ha redimido con su entrega generosa, con su sacrificio en la Cruz.
Entonces, la vida cristiana no es cuestión de satisfacer nuestros propios deseos, sino de seguir a Cristo en todo momento, en la vida y en la muerte, entregados por completo a Él.
El Evangelio de Mateo, por su parte, lleva esta enseñanza del PERDÓN a un nivel mucho más profundo. Jesús no solo nos invita a perdonar, sino a hacerlo de manera ilimitada. Al responder a Pedro que debemos perdonar ”setenta veces siete”, Jesús nos muestra que el perdón no tiene medida. San Agustín nos decía que la medida del amor es el amor sin medida. Pues apliquemos la misma medida al perdón.
Esto no significa que debamos contar cada ofensa y perdón, sino que el perdón debe ser parte esencial de nuestra vida, una actitud constante. Jesús nos ilustra esto con la parábola del rey y los dos siervos. El rey, al perdonar la enorme deuda de su siervo, muestra su inmensa misericordia. Sin embargo, este mismo siervo, receptor de tanta misericordia, al encontrarse con alguien que le debía una pequeña cantidad, no muestra la misma compasión: muestra una actitud completamente opuesta. La reacción del rey al final es una condena firme y rotunda, demostrando que quien recibe el perdón debe trasmitirlo a los demás.
“Quien mucho ama, mucho perdona, y el que mucho perdona, mucho ama”.
Amor y perdón: palabras que son consecuencia una de la otra. El perdón nos lleva al amor y el amor nos conduce al perdón. Jesucristo no deja lugar ni a medir “cantidades” ni a interpretaciones humanas.
Sagrado Corazón de Jesús en Ti confío.