Carta de Navidad 2019

Carta Navidad dehonianos

Carta de Navidad 2019

Compartimos la carta de Navidad del Superior General de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús, P. Carlos Luis Suárez Codorniú:

“¡No nos escandalicemos del pesebre!”

Queridos hermanos y todos los miembros de la Familia Dehoniana,
Uno de los primeros asistentes generales del P. León Dehon, el P. Alfonso María Rasset, se expresaba así por estas fechas:

“En Navidad, nazcamos con Jesús, seamos niños, pobres, humildes, sufridos; no nos escandalicemos del pesebre”1.

“¡No nos escandalicemos del pesebre!” ¡Qué hermosa exhortación! De alguna manera pudiera entenderse como una llamada a no desistir en la contemplación del regalo que nos ha sido dado: Jesús; por otra parte, es también una provocación para que sea acogido y vivido sin reservas todo lo que Él nos enseña con su Vida y su Palabra en su amor constante a la voluntad del Padre.

La cercanía de la Navidad nos invita a adentrarnos en las maneras escandalosas y sorprendentes de Dios. Así lo vivieron María, José, Isabel, Zacarías, los pastores, los Sabios de Oriente y tantos otros. ¡Qué bueno si podemos también nosotros reconocer el paso de Dios por nuestras vidas, por nuestras comunidades y por la vida de tantas personas con las que compartimos cotidianamente nuestra misión! Este tiempo del año es una buena oportunidad para ello, para detenernos, reconocer y agradecer la obra de nuestro buen Dios entre nosotros.

Mirando a la vida de la Congregación, quiero compartir tres acontecimientos que pueden ser leídos incluso asociándolos a lo que celebramos en estos días del año. En ellos hay algo de escándalo y de sorpresa, pero sobre todo mucho de don de Dios.

En primer lugar, señalo la memoria del P. Nicola Martino Capelli. Iniciando el mes de octubre recordábamos que setenta y cinco años atrás Martino hizo de su vida una ofrenda agradable a Dios. En tiempos de mucha oscuridad, nuestro hermano no dejó de guiarse por la fe y la vocación que había recibido. A pesar del peligro que corría, atendió en las montañas de Monte Sole, en la región de los Apeninos italianos, a quienes más sufrían: mujeres, ancianos y niños aterrados por la violencia. En ellos encontró el rostro dolorido de Cristo. A pesar de tanta crueldad y deshumanización, Martino, verdadero reparador, no se dejó arrebatar el corazón por el odio ni desistió en la búsqueda de la paz y la reconciliación acercándose a todos. No se dejó guiar por otra luz que no fuera la del Corazón de Cristo que tanto amaba. Martino no se escandalizó del pesebre. Fue ejecutado por su fidelidad a su consagración religiosa. Su gran anhelo era ser misionero en China, pero nunca pudo llegar. Su camino fue otro: el de Jesús. Como los Sabios de Oriente que se dirigían a Belén siguiendo una estrella, Martino hizo el mejor de los caminos: se dejó guiar por la luz del Evangelio. Fue así que nuestro hermano, haciéndose amigo y siervo de todos, se encontró para siempre con el Príncipe de la Paz.

En segundo lugar, destaco el Encuentro de los Superiores de las Entidades de la Congregación en Roma en el mes de noviembre. Durante esos días tuvimos ocasión de escucharnos, de orar y de reflexionar juntos. Fueron días que nos ayudaron a conocernos un poquito más y a sentirnos, sobre todo, más cuerpo en la vocación siempre desafiante del Sint unum. Día tras día nos fuimos confirmando en la llamada y en el deseo de seguir haciendo del camino de Jesús nuestro camino: “Su camino es nuestro camino” (Cst 12). Somos conscientes de que tenemos que seguir ajustando nuestros pasos y afinar bien la mirada para reconocer mejor el camino que el Maestro nos va mostrando. Tenemos que acercarnos más unos a otros. Sabemos que no lo lograremos sin distanciarnos de nuestros propios intereses y proyectos. El deseo es grande, pero nos toca seguir concretándolo. Queremos confiar más los unos en los otros. Por eso, durante esos días nos sentimos como los pastores que en aquella noche santa se animaban unos a otros para ir a Belén para emprender un camino que les llevara al Niño y poder adorarlo. Ellos lo hicieron, y lo hicieron juntos, porque se fiaron de las cosas de Dios. Ese es el mensaje que tenemos que regalarnos, decirnos todos los días, una y otra vez: ¡Vayamos a su encuentro! Así lo hacemos cuando nos alimentamos del misterio vivo de Dios en la Eucaristía, cuando lo adoramos en nuestras comunidades, cuando lo reverenciamos en nuestros hermanos y cuando lo servimos en tantos rostros, especialmente en los de los más pobres y afligidos.

En tercer lugar, por último, agradezco a Dios el don de los hermanos que hace apenas unos meses renovaron el “sí” generoso que proclamaron el día de su profesión religiosa. En esta ocasión lo han renovado para abrir camino a la Congregación en Colombia, en la periferia de la ciudad de Bogotá. Son compañeros de Argentina, Brasil, Indonesia y Filipinas, y contarán con especial apoyo de nuestros hermanos de Ecuador y España. Cada uno de ellos, en discernimiento con sus Entidades de origen, deja de lado sus compromisos y su vida ordinaria para emprender y compartir una misión nueva. Todos ellos llegarán como discípulos humildes que tienen mucho que aprender, pero llegarán también con el deseo de compartir en una tierra necesitada de paz y reconciliación la vocación de Amor y Reparación que tienen. Como María y José, estos compañeros nuestros se han visto sobresaltados por una propuesta que les sacó de sus planes y de su cotidianidad. Sin embargo, han reconocido en todo eso la llamada del Espíritu bueno de Dios y la han acogido con fe y esperanza en el deseo de contribuir, desde la pequeñez y la fragilidad de los primeros pasos, a la misión de la Iglesia de vivir y anunciar el Evangelio.

Queridos amigos, a estos tres acontecimientos seguro que se pueden añadir muchos otros. Sería estupendo si también en cada comunidad se dan un tiempo para compartir otras muchas ocasiones y vivencias que pueden ser reconocidas como especial cercanía de Dios en medio de ustedes durante este año. Junto con todo el Consejo general y los miembros de la Curia general les deseo una muy feliz Navidad; que no nos escandalice el Misterio de Belén y que nos siga alentando en el camino de vida y servicio que deseamos seguir haciendo en el próximo año nuevo. Fraternalmente, in Corde Iesu,

Carlos Luis Suárez Codorniú, scj

Superior general y su Consejo

1 “Pour Noël, naissons avec Jésus, soyons des enfants, pauvres, humbles, souffrants, ne nous scandalisons pas de la crèche”. P. Léon Dehon, Un prêtre du Sacré Cœur. Vie édifiante du Révérend Père Alphonse-Marie Rasset, 342.

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