El libro del Éxodo nos muestra cómo Dios mismo proclama al pueblo de Israel, que es un pueblo libre, un pueblo al que Él mismo ha liberado del opresor. La imagen del águila es ciertamente atrevida: el rescate de Israel de Egipto ha sido prodigioso. Además, Dios lo ha hecho propiedad suya. El término que se emplea (segulah) indica una propiedad personal especialmente valiosa, un tesoro particular. Ser propiedad de Dios es un honor y debería ser una responsabilidad. Quien se sabe elegido por Dios nunca debería aceptar ser dominado por poderes inhumanos. Al mismo tiempo, esa pertenencia a Dios señala la vocación de todo un pueblo: queda consagrado a Dios y es llamado a vivir en santidad.
También nosotros, cristianos, hemos sido separados para Dios y le pertenecemos. Al ofrecimiento de su alianza en Jesucristo le hemos respondido con el salmo: «Somos suyos, su pueblo, ovejas de su rebaño».
El evangelio de Mateo incluye la misma dinámica de elección y consagración. Por un lado está la misericordia de Jesús y, por otro, la llamada-envío de los discípulos, estableciéndose una estrecha relación entre ambas. La misericordia se expresa a través de quien viene a pastorear las «ovejas sin pastor». Jesús se compadece, y eso le mueve a dar autoridad y enviar a sus discípulos con una misión que parecía imposible: curar enfermedades sin ser médicos y hasta resucitar muertos. Aquel encargo tenía un sentido más amplio. Los discípulos de Jesús habrían de curar, es decir, poner esperanza y contagiar alegría, donde solo había motivos para la desesperación. ¡Cuántas veces nos falta fe para llevar a cabo estas obras liberadoras en su nombre con corazón abierto! Siempre debemos orar al «dueño de la mies», que es Dios Padre, para que envíe obreros a trabajar en su campo, que es el mundo, para que no se pierda; y alegrarnos de que siga habiendo personas que hacen el bien día a día. En la Biblia, los buenos frutos, la abundancia de la cosecha subraya la abundancia de la gratuidad. No se trata de obtener beneficios, ni de retener ganancias, sino de devolver lo recibido: «Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis».