Desde su llegada el pasado 7 de agosto a la comunidad religiosa dehoniana de Bahía de Caráquez, en Ecuador, los voluntarios han ido adentrándose poco a poco en la vida de la parroquia y de las diferentes obras sociales que los Dehonianos desarrollan en esta zona de la costa del país.
Han sido semanas marcadas por la oración, el servicio y, sobre todo, por numerosos encuentros con las personas y comunidades que forman parte del día a día de la misión.
Compartir también la vida de la comunidad
La jornada de los voluntarios ha estado unida desde el comienzo a la vida de la comunidad religiosa.
Cada día han compartido con los religiosos la Adoración eucarística y el rezo de Laúdes, además de participar en la Eucaristía diaria junto a los fieles de la iglesia de San Jorge, en Leonidas Plaza.
La oración ha sido así uno de los pilares de una experiencia que no se limita únicamente a realizar actividades, sino que busca también compartir la fe y la vida cotidiana de la comunidad que los ha acogido.
Al encuentro de las familias y las comunidades rurales
Una parte importante de la experiencia ha sido la visita a diferentes comunidades rurales y a grupos de familias con niños apadrinados.
Durante estos encuentros se han organizado juegos para los más pequeños y diferentes dinámicas con las madres, creando espacios para convivir, conocerse y compartir tiempo juntos.
También han acompañado a personas mayores del Centro Gerontológico a través de distintas actividades lúdicas y han compartido jornadas con los chicos y chicas con discapacidad del Aula Talita Kum.
Son momentos sencillos que permiten acercarse a las diferentes realidades de la zona y, sobre todo, poner rostro a las personas que forman parte de las distintas iniciativas sociales.
Talleres, formación y acompañamiento
Los voluntarios también han participado en diferentes actividades educativas.
En dos colegios han desarrollado talleres sobre odontología, deporte, bailes españoles, manualidades y discernimiento vocacional, compartiendo sus conocimientos y experiencias con los estudiantes.
Además, han formado parte de una jornada de formación sobre liderazgo dirigida a jóvenes de los diferentes grupos parroquiales.
Otro de los espacios que han podido conocer de cerca ha sido el Comedor social P. Dehon, situado en el barrio de Fanca, donde han colaborado con una labor que busca dar respuesta a las necesidades de las personas más vulnerables.
A ello se suman las visitas a personas enfermas, realizadas junto a las ministras de la Comunión, llevando compañía y cercanía a quienes no pueden participar habitualmente en la vida de la comunidad.
Una misión hecha de pequeños encuentros
Durante estas semanas, los voluntarios han podido descubrir que una experiencia misionera se construye también desde los pequeños gestos de cada día.
Rezar juntos, jugar con los niños, acompañar a una persona mayor, compartir un taller, sentarse a escuchar a una familia o visitar a alguien enfermo forman parte de una misma manera de entender la misión: estar cerca y compartir la vida.
La experiencia en Bahía de Caráquez estaba prevista hasta finales del mes de agosto, momento en el que los voluntarios tenían programado su regreso a España.
Hasta entonces, han continuado participando en la vida parroquial y en las distintas obras sociales de los Dehonianos, llevándose consigo todo lo vivido, pero también dejando una parte de ellos en cada encuentro.