Amad a vuestros enemigos

Homilia dehonianos

Amad a vuestros enemigos

San Pablo inicia hoy su carta diciendo: Hermanos ¿no sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

Te paras a pensar la frase  y te llevas la sorpresa de que la afirmación es muy bella y sorprendente y lo poco que soy consciente de esa realidad en mi vida. Puede que conceptualmente lo haya asimilado en teoría, pero en la práctica no le saco el sabor que tiene ni llevo a término sus consecuencias.

Pablo ve en el bautismo una “nueva creación” en el bautizado. Es ahora “templo del Espíritu Santo”. El Espíritu de Dios, nos penetra e inunda y transforma en presencia viva de Dios. Somos la morada de Dios en la tierra. Somos portadores de Dios.

Y esto puede también afirmarse de la comunidad de cristianos. Como piedras vivas, ensambladas, formamos el Templo de Dios que es la comunidad cristiana. Todos sellados por el Espíritu.

Destruir al hermano es igual a profanar el templo de Dios. Es romper con Dios. Es romper la comunión con Dios y con el hermano.

¿Esta visión de Pablo no será consecuencia de la “Ley de santidad” que marcan la primera lectura y el Evangelio?

Pablo también habla de la sabiduría humana contrapuesta a la de Dios. Pablo en el areópago de Atenas ya había topado con la sabiduría-filosofía de los griegos. Un pueblo rico en sabidurías pero no dispuesto a oír hablar de la resurrección de los muertos. Pablo se va a Corinto a evangelizar. Aquí encuentra eco su mensaje. Y aquí, entre los discípulos hay quienes manejan bien la retórica, la lógica, la ética para acompañar el mensaje de Jesús. Y lo hacen atrayente a los oídos de mucha gente. Pablo acota ciertas opciones o prácticas. El evangelio no es una opción filosófica desde la belleza de los argumentos. El evangelio anuncia a Cristo crucificado que es “necedad” para la sabiduría humana, pero que es la Verdad contemplada desde Dios. En Dios la sabiduría se hace mensaje en Cristo y este crucificado. Y desde este Cristo podemos decir que todo es nuestro, porque Dios nos lo ha donado; que todos somos de Cristo o estamos incorporados a él por el Espíritu  y que todos somos de Dios.

¿Esta visión de Pablo no seguirá siendo consecuencia de la “Ley de santidad” que marcan la primera lectura y el Evangelio?

Para mí, está claro que Pablo bebe de esta fuente y es esa “ley de santidad” la que él lleva a sus últimas consecuencias. Y es que solo desde este presupuesto se pueden entender las palabras de Jesús como buena noticia.

Podemos decir que las actitudes que Jesús remarca para el discípulo tienen un previo que debe darse en toda circunstancia y debe ser tenido en cuenta siempre como fuente de nuestra moralidad o de nuestra ética. Ese “previo” es la realidad del Dios Santo que obra santificando. Dios, porque es Amor, crea  y ama todo lo creado. Todo es bueno y su creatura preferida, el hombre, era muy buena. Y en la palabra “buena”, metan el contenido de bondad, belleza y verdad. Dios crea el hombre y le toca con el don de su soplo, con el don de su Espíritu y le hace partícipe de su santidad.

Contemplando a este Dios que ama y me ama; se abaja y dialoga conmigo de tú a tú; me entrega a su Hijo para hacernos de su misma pasta; entonces, y solo entonces, yo podré hacer de mi vida un obrar parecido o semejante al de mi creador.

Y Dios, no se marca fronteras en su amor; no discrimina. Es más, parece que sus preferidos son los marginados. Quiere la vida para todos y “hace salir el sol sobre buenos y malos”.

Desde aquí, Jesús repristina la Ley y la lleva a su esplendor. El modelo a imitar en nuestra vida es Dios mismo. Para nosotros lo es el mismo Jesús, ya vencedor del pecado y de la muerte.

La ley del talión podrá ser muy ecua y sigue inspirando nuestro código penal. Jesús no desdice los derechos de equidad en las leyes. Nos pide que vayamos más allá de nuestros derechos y sepamos renunciar a ellos en favor del hermano; nos pide ser generosos y pasar por alto ciertas prevenciones. Ciertamente hay mucho mangante por ahí suelto y mucho cuentista, por decir lo menos. Habrá que usar la prudencia pero no ser en exceso prudentes. En la duda, pro reo. Creo que muchas veces debemos obrar así, aunque nos engañen. El engañado es el que obra con dolo o desvergüenza.

El mandamiento del amor al enemigo es el límite del límite. Aquí sí que habrá que mirar fijamente al Jesús del evangelio y al Jesús crucificado. Él paso haciendo el bien y murió perdonando aún a aquellos que lo estaban clavando en la cruz. Este será el talante al que debemos llegar. Jesús desenmascara el pecado, es crítico con ciertas actitudes y busca la conversión del corazón de todas las personas con las que se cruza en su camino. Judas, Herodes, Pilato, Anás, Caifás, saduceos…, son personas que no se escapan de la órbita del amor de Jesús. Quedará capturado en la maraña de poder que tejen sobre él y le llevan a la muerte. A ellos también llega el “perdónales porque no saben lo que hacen”; a ellos también llega el amor de Jesús, un amor sincero que ha buscado rescatarles de su ceguera y ha querido llevarles hacia el Dios que es Amor y Misericordia. Por ellos ha rezado. El futuro de sus vidas está en las manos de Dios, que son buenas manos.

Seamos imitadores de Jesús. No pongamos “puertas” al amor. Ojalá entendamos la bondad del amor al enemigo y lo practiquemos gozosamente en nuestras vidas.

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Gonzalo Arnaiz Alvarez scj
garnaiz@scj.es
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