Creed en la Buena Noticia

homilia

Creed en la Buena Noticia

CUARESMA 1º DOMINGO B

El año pasado abríamos un tiempo de Cuaresma normal que pronto se volvió bronco por la amenaza de pandemia. Fue un tiempo de confinamiento que en la práctica continuó durante la Pascua, vivida también en “sordina” y que en la práctica, entre ola y ola, llega hasta nuestros días con la tenue esperanza de la vacunación masiva para el verano o más allá. Ahora, de nuevo, la Iglesia nos convoca a un nuevo tiempo de cuaresma para preparar una nueva fiesta de Pascua que cada año está clavada ahí, en la primavera, para recordarnos que la Victoria sobre la muerte es segura aunque sin duda hay que pasar por la muerte.

La primera lectura de Génesis nos recuerda una “pascua” un “paso” del Señor por estos caminos embarrados de nuestra historia. Noé con toda su familia se  había salvado del diluvio universal. Prácticamente estamos ante una nueva creación. Noé, solo, no tiene para dónde ir. Todo está destrozado. Dios toma la iniciativa haciendo oír su palabra; la misma palabra que al principio “dijo” e “hizo”. DIJO Dios a Noé. HAGO UN PACTO CON VOSOTROS. Dios  se ofrece a estar por siempre al lado de la Vida. Dios no quiere la muerte. Quiere que el hombre viva. Y se hace garante de esa vida poniendo toda su fuerza al lado del hombre para garantizar esa vida. Él es el creador y el garante. Garantiza la vida de todo lo creado. Dios se revela como AMIGO DE LA VIDA. Y él mismo sella el pacto poniendo “su arco” en las nubes. Arco de fuerza, de poder, de victoria, pero arco iris que es también arco de paz y de bendición. Nadie podrá contra la vida. Esta es la alianza que ofrece el Señor a Noé. Si la acepta podrá caminar, avanzar y reconstruir la creación. Si no la acepta, volverá a repetirse la historia del “Edén” o la historia de “Babel”.

San Pedro en su carta (3,18-22) hace una lectura muy sugerente de los tiempos de Noé. Pedro contempla como también en sus tiempos hay un diluvio de dolor y de muerte; un diluvio de pecado. Una realidad que infecta de alguna manera a todo hombre y mujer. Y ve en el crucificado una tabla de salvación. Jesús hace la travesía de la vida hasta su muerte en cruz. Pero esa muerte es la vencedora de la muerte, de toda muerte de forma definitiva y por medio del Bautismo nos acarrea a todos la salvación, la victoria sobre la muerte. La cruz es el nuevo “arco” de una nueva alianza sellada con la sangre del Hijo. La cruz es la nueva arca de la Alianza. La cruz es la “nueva arca de Noé” que nos hace navegar por las procelosas aguas de la vida con navegación segura porque lleva por “Pastor y Nauta” a Jesús, el Hijo de Dios, vencedor del pecado y de la muerte.

Nuestros tiempos no son mejores que los tiempos de San Pedro o en tiempos de Noé. Transitamos entre abismos de muerte y oasis de esperanza y vida. Nos sentimos hacedores de la historia y a la vez constatamos que con solo nuestras manos podemos tejer pocas cosas y tantas veces contaminadas de egoísmo y orgullo que hacen de las obras de nuestras manos torres de babel. Constatamos que por muchas vacunas que inventemos, la vacuna final que nos haga superar nuestros egoísmos, nuestras antifraternidades, nuestros pecados, nuestras enfermedades y nuestra muerte está muy lejos de ser encontrada. Nunca se encontrará porque no está en nuestras manos finitas además de torpes.

La pandemia que vivimos puede estar cercana su superación. Puede; tan solo puede porque nada hay seguro y el camino se puede torcer por diversos vericuetos. Además, si todo va bien, puede que sea solo para una zona confortable de la humanidad y otra gran parte se quede a verlas venir o a esperar la vacuna dentro de varios años. Y además: Los que se han quedado en la cuneta, ¿qué?

En la historia no hay reparación posible para todos aquellos que han entregado su vida al servicio de los demás, o simplemente que la enfermedad se los haya llevado o nos lleve por delante.

Desde la fe, a esta situación dramática le llega la Luz desde la cruz de Cristo. Alzar los ojos y ver la señal de la cruz alzada como pacto indeleble del amor de Dios por nosotros hace que miremos la tormenta con esperanza fundada de superación y de vida para todos los que han caído, los que caigan o caigamos y para los que superen la prueba de la pandemia. Cristo es nuestra Pascua. En el bautismo hemos sido sellados con su sangre-Espíritu y se nos ha dado ya su vida victoriosa sobre la muerte.

Las demás “pandemias” que atenazan nuestra historia también están heridas de muerte. La cuaresma nos invita a abrir y mirar estas realidades desde el corazón de Dios; desde otra perspectiva.

El Evangelio habla de las tentaciones de Jesús con las que fue probado en el desierto. Jesús fue tentado toda su vida por las mismas tentaciones que sedujeron y seducen a todo hombre. Jesús se abre paso a todas ellas con humildad de corazón y con obediencia de mente abierta siempre a Dios Padre.

Si Adán quiere caminar solo…. allá él. Si Noé entiende que él solo no va a ningún sitio y acepta el pacto y la mano de Dios a su lado, mejor para él. Lo mismo para Abrahán y para Moisés. Jesús se sabe siempre de la mano de Dios y nunca obra solo. El Padre está con Él siempre y ahí está la salvación y la superación de toda tentación, de todo pecado y de toda muerte.

El camino y la travesía de la vida se hace en “sidonalidad”, caminando juntos, fraternalmente en igualdad, dejando que Dios se ponga a nuestro lado y su mano con nuestras manos lleve y llevemos esta historia por mares más en calma, hacia el puerto seguro de la Vida Eterna garantizada por la Pascua de Cristo, el Señor.

Al inicio de esta Cuaresma oigamos su voz: CONVERTÍOS Y CREED LA BUENA NOTICIA.

Tenemos 40 días para poner nuestras manos a la obra de la conversión, de la escucha, de la oración y del compartir y ejercer nuestro testimonio de amor y nuestro servicio en la reconciliación entre todos nosotros.

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Gonzalo Arnaiz Alvarez scj
Gonzalo Arnaiz Alvarez scj
garnaiz@scj.es
1 Comentario
  • Darly Zerpa
    Publicado el 12:02h, 18 Febrero Responder

    Solos no podemos superar nuestra debilidad pero con Jesus y en Las Manos de Maria podemos avanzar en El camino de la fe a vivir la esperanza de la.vida eterna

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