Sagrado Corazón de Jesús

homilia

Sagrado Corazón de Jesús

12º DOMINGO ORDINARIO – A

Escribo esta homilía, a la sombra de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús que se celebrará mañana viernes.

Tomo como punto de partida la segunda lectura de San Pablo a los Romanos en su capítulo 5. Es, quizás, el capítulo que más comentarios y estudios ha suscitado entre los estudiosos del Apóstol y posiblemente el que más trascendencia práctica haya tenido en la fe y la historia de la Iglesia. Toca el tema del “pecado original” y por lo tanto un tema nuclear a la hora de entender la obra salvífica de Cristo. Cito textualmente el último párrafo de la lectura: “Sin embargo no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón, la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos, (…) donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”.

Pablo parece cargar las tintas sobre el pecado de Adán; pero si lo hace es para recalcar mucho más la obra de la Gracia en Jesucristo. En el mundo abunda el pecado pero sobreabunda la Gracia. La lectura eclesial de este capítulo parece haberse centrado en la oscuridad del pecado y sus consecuencias, de tal forma que parece que lo que realmente es efectivo y eficaz es el delito del primer hombre. San Pablo quiere sobre todo resaltar que lo que abunda en el mundo o sobreabunda es la Gracia de Cristo y ésta es la que opera realmente en la vida del hombre y en su transformación y salvación. La carta de San Pablo es un “evangelio” de la Gracia de Cristo que se nos regala desde el amor del Padre para todos nosotros y queda lejos de él, el hacer una apología del mal, del delito o del pecado. Delito y pecado son telón de fondo sobre el que resalta la luminosidad de la obra de Cristo.

San Pablo es uno de los que se ha puesto de parte de Jesús ante los hombres. No tiene miedo de anunciar a Jesucristo como Hijo de Dios, Mesías y Señor. Sabe que no hay comparación entre nosotros y los gorriones a los que alimenta el Padre celestial; nosotros, para Dios, somos mucho más valiosos porque el Padre nos ha amado en su Hijo Jesucristo.

Pablo está fascinado por la obra de Dios-Padre desplegada en Cristo en favor nuestro. Pablo que quería conquistar el cielo, como fiel fariseo, tratando de cumplir minuciosamente la Ley, en Jesucristo descubre que el cielo se le regala como Don. Sus cartas son un reflejo de la fascinación que le produce la persona de Jesús; la persona en su interioridad. A san Pablo le fascinan tanto las motivaciones del Padre como las del Hijo; le fascina el Amor del Padre por nosotros, que se muestra en la entrega del Hijo por nosotros. Esa interioridad de la persona la traducimos por la figura o sacramento del “Corazón de Jesús”.

En el número 2º de nuestras constituciones scj decimos que nuestro Instituto tiene su origen en la experiencia de fe del P. Dehon. Aquella experiencia que San Pablo expresó así: “vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí” (Ga 2, 20). E inmediatamente después de esta cita paulina, el número 2º continua diciendo: “El Costado abierto y el Corazón traspasado del Salvador son para el Padre Dehon la expresión más evocadora de un amor cuya presencia activa experimenta en su propia vida”.

El costado abierto y el corazón traspasado son el sacramento de esa expresión paulina: “me amó y se entregó por mí”.

No hay otro camino. San Pablo, San Agustín, Santo Tomás, San Buenaventura, Santa Teresa,… Santos y Santas de Dios, solo siguen a aquel que es el Camino para llegar a la Vida. El costado abierto es la puerta para penetrar en las riquezas del Amor que mueve a Jesús. En ese Corazón se manifiesta el último palpitar de Jesús que resume todos sus pálpitos de amor al Padre y a todos nosotros. Pálpito que es el Amén que acepta la muerte como entrega final de su vida por los hombres y como obediencia filial al Padre. Por esta puerta entramos en la misma fuente de la Salvación.

El nº 3 de nuestras Constituciones scj dice: “Del Corazón de Jesús, abierto en la cruz, nace el hombre de corazón nuevo, animado por el Espíritu, y unido a sus hermanos en la comunidad de amor que es la Iglesia”.

El hombre de corazón nuevo es el que es capaz de vivir en la fe de Ese que me amó y entregó por mí. Subrayo la novedad de vida. En el corazón de Cristo sobreabunda la Gracia y de su costado manan ríos de agua viva. Nuestra vida mana de ese manantial y es vida nueva alimentada por el “agua viva” de su cuerpo entregado y sangre derramada (Corpus Christi). Tenemos todas las cartas para dejar atrás el “hombre viejo”, el hombre del pecado y de la muerte y vivir animados por el Espíritu de Dios y el Espíritu de Jesús.

El evangelio de hoy nos invita a NO TENER MIEDO a ser testigos del Evangelio de la Gracia. La forma de plasmar este testimonio en nuestra vida la iremos desgranando a lo largo de los siguientes domingos ordinarios que van del 12 al 34 de forma ininterrumpida.

Termino esta “homilía” citando el final del evangelio del día del Sagrado Corazón de Jesús:

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

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Gonzalo Arnaiz Alvarez scj
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