Dehonianos

Ilaria Cicatelli – Danilo Di Matteo

Hace algunos decenios, un adjetivo —neurasténico— era de uso común en sentido despectivo: servía para señalar la primera parte del término, refiriéndose a una persona “demasiado nerviosa”, fácilmente irritable. En realidad, en la literatura psicoanalítica clásica —en primer lugar en las obras de Freud— el énfasis estaba en la segunda parte: astenia, cansancio (más o menos) patológico.

Hoy en día, con este fin, se utiliza mucho más el término psicoastenia.

Y con frecuencia, sobre todo entre las nuevas generaciones, se tiende a distinguir entre “cansancio físico” y “cansancio mental”. Tampoco faltan formas de recuperación de antiguos conceptos, como el “agotamiento nervioso”, en relación, por ejemplo, con hipótesis etiopatogénicas más recientes como la del “primado de la manía” (la neurona, hiperexcitable en algunos individuos con trastornos del “espectro bipolar”, atravesaría luego una fase de hipoexcitabilidad, volviéndose “refractaria” a los estímulos: condición que constituiría la base neurofisiopatológica del momento depresivo).

No solo eso: cada vez con mayor frecuencia se tiende a confundir el cansancio con el estrés (entendido como distress). Dos condiciones distintas, aunque no rara vez superpuestas.

La experiencia clínica, en realidad, sugiere que algunos pacientes, al describir su astenia o su estrés, ponen el acento en particular en los síntomas físicos (“se me cierra el estómago”), mientras que otros lo hacen en los mentales (“no puedo concentrarme”). El insomnio constituye quizá el principal punto de conexión entre ambas esferas, afectando al cuerpo —cerebro incluido— privado de una indispensable “pausa”, y a la mente, que puede perderse en múltiples direcciones persiguiendo ideas absurdas (la famosa “rumiación mental”).

No solo eso. También las enfermedades físicas pueden alimentar angustias hipocondríacas o preocupaciones exageradas que resultan “agotadoras” y acentúan la debilidad psicofísica derivada de la patología primaria.

En resumen, el universo de los movimientos psicosomáticos y somatopsíquicos no corresponde a interpretaciones psico(pato)lógicas abstractas, sino a una realidad bastante evidente. Y el síntoma “cansancio” representa, a nuestro juicio, el fenómeno probablemente más visible.

Hoy está ampliamente demostrado que existe una influencia bidireccional entre mente y cuerpo. Bidireccional significa que es posible tanto la influencia de la mente sobre el cuerpo (la ansiedad somatizada es un ejemplo común y evidente) como la del cuerpo sobre la mente.

Lo que ocurre en el cuerpo tiene un impacto profundo en la psique y en nuestras vivencias. En primer lugar, podemos pensar en el impacto del cansancio o del insomnio en nuestro bienestar emocional, es decir, en la mente. Pero también en el impacto de otras condiciones mucho más graves que pueden afectar nuestro cuerpo: enfermedades serias, enfermedades crónicas, situaciones en las que la vida está en peligro, eventos traumáticos que amenazan el cuerpo o la vida misma.

Hablando de trauma, “el cuerpo lleva la cuenta”, como dice Bessel van der Kolk. Es decir, en la elaboración de la experiencia traumática son importantes tanto la mente y el cerebro como el propio cuerpo.

Si pensamos en las enfermedades físicas, también las influencias sobre la mente son notables. Se habla del “vivir la enfermedad”, es decir, el conjunto de reacciones emocionales y cognitivas de la persona respecto a su enfermedad y el significado que se le atribuye.

Otra consideración sobre esta estrecha y recíproca influencia remite a los procesos de interpretación y evaluación cognitiva (el síntoma físico que, en clave hipocondríaca, se “interpreta” como posible amenaza y genera intensas vivencias de ansiedad o pánico).

En definitiva, debemos recordar que la mente habita el cuerpo, está enraizada en él. No se trata de un huésped ocasional o situado en una zona separada.

Y por ello, al hablar de cansancio, este puede configurarse como un interesante punto de encuentro entre mente y cuerpo.

Reconectarnos con nuestro cuerpo puede representar una valiosa oportunidad de reconexión con nosotros mismos, escuchando ciertas señales que tanto la mente como el cuerpo nos envían a diario.

www.settimananews.it