Cuando comenzamos a conocer a otra persona, vamos descubriendo poco a poco las dimensiones que tiene, de manera que nuestra percepción es que, tanto la persona como la relación, van ganando profundidad. Igualmente, sucede con Dios en la historia de la revelación: el pueblo de Israel fue conociendo cada vez más a Dios. No era solo el Dios de la Alianza, que los había liberado de Egipto, sino que descubrieron que también era el Dios creador. Y no solo era el Dios que escucha a su pueblo, sino aquel que quería habitar entre ellos y acompañarlos dondequiera que fueran.
Pero es en el Nuevo Testamento donde este Dios Uno, hasta entonces desenfocado, se revela y define de forma definitiva.
En el Evangelio Jesús deja a sus discípulos una tarea pendiente: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora. Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena”. Una vez pasado Pentecostés y recibido el Espíritu, es cuando alcanzamos la verdad total de Dios. Jesús ha vivido a lo largo de su vida en unión con el Padre. Con él comparte el misterio y la profundidad del amor. En su despedida, anuncia a sus discípulos que el Espíritu tomará de lo que pertenece a ambos y se lo comunicará a ellos. Así que la Trinidad se revela como un misterio de donación. El Padre es Dios. El Hijo es Dios. El Espíritu Santo es Dios. No son tres dioses. Dios es comunidad, no una cosa vaga. Y no solo eso, sino que descubrimos que lo que mejor define a Dios Trinidad es el amor.
A lo largo de los siglos los cristianos se han preguntado muchas veces qué podía significar esa relación, ya que el misterio trinitario es el centro de la teología cristiana y la clave de toda realidad. Los teólogos han hablado de 2 misiones, porque Dios es capaz de salir de sí mismo; de 2 procesiones, dentro del propio Dios; de 4 relaciones entre las 3 personas divinas; de mutua presencia entre ellas o perijoresis.
De otra forma la poesía también ha alcanzado el conocimiento y la vida en Dios. Dice un poeta:
Quiero vivir para siempre
en torre de tres ventanas,
donde tres luces distintas
den una luz a mi alma.
Tres personas y una luz
en esa torre tal alta.
Aquí abajo, entre los hombres,
donde el bien el mal batallan,
el dos significa pleito,
el dos indica amenaza.
Quiero vivir para siempre
en torre de tres ventanas.